MIRADA AL PASADO

El legado de las guerras: Paulino Romero C.

El legado de las guerras: Paulino Romero C.
El legado de las guerras: Paulino Romero C.

“La Primera Guerra Mundial (1914–1918) fue –dice un historiador– fruto del miedo más que de la ambición”. Un conflicto que aparentemente nadie deseaba, pero para el que todos estaban preparados y, en rigor, el más sangriento, enconado y múltiple de la historia, hasta el instante de producirse. Su saldo deudor en vidas alcanzó casi a los nueve millones de personas, y si terminó oficialmente en Versalles, sus ondas concéntricas siguieron extendiéndose hasta rebotar, 20 años más tarde, en la Segunda Guerra Mundial.

La paz de Versalles, así como los numerosos tratados de París, no hicieron otra cosa que alentar el resentimiento y artillar a los derrotados, con la consecuencia de que el siguiente conflicto tuvo en su inicio un libreto casi calcado del anterior. Solo cambió el protagonista belga por el también indefenso y valeroso actor polaco.

Sin embargo, la problemática surgida al fin de la Primera Guerra Mundial fue mucho más compleja, pues era la resultante de las fuerzas históricas puestas en movimiento por la Revolución Francesa y la revolución industrial. En esencia, tal problemática surgía de una contradicción que, nacida de aquellas revoluciones, se aposentó y creció en el seno mismo de la sociedad occidental: aquella entre las fronteras económicas y políticas.

En efecto, la Revolución Francesa constituyó la vertiente que promovió, contra los viejos conceptos monárquicos-conservadores, el liberalismo, la democracia, el principio de las nacionalidades y la soberanía absoluta del pueblo, que luego pasó al Estado. La revolución industrial, por su parte, universalizó los fenómenos económicos y, junto con el progreso de los medios de comunicación social, hizo a todos los países interdependientes.

Sin embargo, esta interdependencia esencialmente material y económica no fue acompañada de un cambio en la naturaleza política de los Estados, que siguieron institucionalmente organizados en torno al concepto de soberanía absoluta.

A la luz de estas perspectivas, es posible afirmar que el presidente estadounidense Thomas Woodrow Wilson fue el primer estadista en comprender la necesidad de convertir la interdependencia de hecho que había creado la revolución industrial en una auténtica sociedad internacional. Pero, lamentablemente fracasó en su intento. Acaso esto abrió las puertas a la Segunda Guerra Mundial y permitió que se exageraran hasta límites difícilmente imaginables, en 1919, las resultantes de las fuerzas que se habían puesto en movimiento durante el siglo XIX.

Para los efectos de este sumario análisis queremos señalar tres de ellas, fuertemente ligadas entre sí y que, a nuestro juicio, contribuyen de manera esencial a definir el cuadro del mundo de hoy: la estratificación internacional, la naturaleza de esta estratificación y las marcadas diferencias sociales entre ricos y pobres.

Así, los problemas capitales que contribuyeron a definir el mundo de hoy son bastante antiguos. La paz de Versalles fue incapaz de resolverlos y más bien los agudizó. Y es que los hombres buscaron a través de la Primera y Segunda Guerra Mundial, resolver sus problemas y alcanzar determinados objetivos políticos por medios bélicos. Pero ambos conflictos demostraron la inanidad de semejante idea, que en épocas pasadas tal vez pudo ser verdadera. Hoy no es así, porque la transformación del mundo ha sido demasiado profunda para que prevalezcan los viejos esquemas. No reconocerlo es la fuente de donde emana, en último término, la ya insoportable tensión mundial.

El caso del ataque terrorista a las Torres Gemelas en Nueva York, el 11 de septiembre de 2001, luego la guerra de Afganistán y la invasión de Irak por Estados Unidos, las guerras de Egipto, de Siria y últimamente la amenaza yihadista (Estado Islámico) son los ejemplos más recientes.

Sin embargo, como lo ha dicho un célebre escritor francés: “No hay ningún presente que de alguna manera no sufra la servidumbre del pasado”. En nuestro mundo interdependiente y que en tantos aspectos ha llegado a ser realmente uno, esta afirmación es más verdadera. Por eso, para poder interpretar algunos de los aspectos esenciales del legado que a la humanidad dejaron las guerras, es preciso recordar el mundo de nuestros antepasados. Por el momento, empezamos a vivir la inquieta paz de los años 2000 (siglo XXI), pues la paz duradera, al parecer, continuará siendo un sueño, un ideal, o una ilusión.


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