INFORME ESTADOUNIDENSE

Quizás no lo leyeron

WASHINGTON, D.C. –Cuando los funcionarios panameños reaccionan exageradamente a un informe estadounidense, a veces es para hacer un show frente a Washington y otras veces es porque no se han tomado el trabajo de leer el informe. Algunas veces es ambas cosas. Eso ocurrió esta semana, creo, con la respuesta que el gobierno de Ricardo Martinelli dio a un informe estadounidense sobre el narcotráfico.

El primero en reaccionar fue el ministro de la Presidencia, Demetrio Papadimitriu, quien tuvo a bien decir a los medios panameños que Estados Unidos, “en vez de criticar, apoye más”. A la agencia EFE, Papadimitriu afirmó: “Queremos que los norteamericanos no estén solo criticando y se metan la mano en el bolsillo”.

Luego saltó el ministro de Relaciones Exteriores, José Raúl Mulino, quien, según leo en los medios panameños y en Vamaga, calificó el informe de “infeliz” y “despistado”. Agregó que “si Panamá es la boca del embudo del narcotráfico, Estados Unidos es el final de ese embudo porque la droga que llega a nuestro país va en tránsito a Estados Unidos”.

Sin embargo, lo que el Departamento de Estado dijo del supuesto “embudo” no es lo que parece haber molestado a Mulino. El informe señala que en cuanto a la droga que se mueve desde Suramérica hacia Estados Unidos, el istmo panameño figura –a mi entender– como un cuello de botella o “boca del embudo”, por lo que, admiten los norteamericanos, ellos debieran concentrar en Panamá sus esfuerzos por detener el tráfico de drogas hacia el norte.

En Panamá, “se encuentran grandes cantidades de cargamentos de drogas, lo cual ofrece una inmensa eficacia contra los narcotraficantes para las inversiones estadounidenses”. [en inglés: “Panama is the mouth of the funnel... providing U.S. investment in counternarcotics efforts an inmense ‘bang for the buck’ effect against drug traffickers”]. En otras palabras, lo de la “boca del embudo” que tanto citaron los medios no era una crítica, creo, sino más bien una admisión de que es precisamente en Panamá, por su posición geográfica, que Estados Unidos debiera invertir más en la lucha contra el narcotráfico.

Además, el informe es bastante positivo, y por eso también es sorprendente que los ricardistas se hayan molestado tanto. Como en años anteriores, el informe elogia al gobierno actual por su “fuerte colaboración” en la lucha antidrogas. Califica al Servicio Nacional de Fronteras (Senafront) como “una fuerza relativamente eficaz” y señala que el Servicio Nacional Aeronaval (Senan) brinda “excelente apoyo” a las operaciones antidrogas.

Estados Unidos ve con buenos ojos los cambios que el gobierno de Martinelli ha hecho en materia de seguridad, incluyendo las 11 “estaciones navales” que aparentemente están planeadas. En varios renglones, el informe omite las críticas de años anteriores; por ejemplo, el informe no critica este año, como hizo el año pasado, que el lavado de dinero parece estar infiltrando la industria de la construcción en Panamá.

Subrayo que este informe es uno de los que el Departamento de Estados emite todos los años, repitiendo ciertas críticas año tras año, especialmente con respecto a corrupción y fallas en la administración de justicia. Sorprende que los ricardistas se hayan irritaron tanto con lo del “embudo” y no con la afirmación de que “los órganos panameños de justicia y seguridad siguen siendo débiles y susceptibles a las influencias corruptas de las organizaciones narcotraficantes”.

Quizá no leyeron en el informe que “la corrupción pública sigue siendo una preocupación”. O que “a pesar de la postura pública del Gobierno de Panamá en contra de la corrupción, se han adjudicado pocos casos [de corrupción], primordialmente debido a la falta de capacidad investigadora y un sistema judicial débil”. Por la debilidad del sistema judicial, opina Washington, “hay poco desincentivo para cometer los delitos [de lavado de dinero y financiamiento terrorista]” en Panamá.

Ser o no ser un “embudo” es cosa insignificante comparado a ser un país sin justicia, y ojalá tuviéramos un gobierno que así lo comprendiera.


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