La antigua ciudad de Panamá, fundada el 15 de agosto de 1519, no fue el inicio de la ocupación humana en la costa este del actual territorio panameño.
Es tan sólo la primera fundación hispana en el Nuevo Mundo. Esta área y específicamente la costa en donde se asentaron los españoles, fue habitada por comunidades aborígenes hace más de mil años. Seres humanos que se adaptaron a estas condiciones, transformaron su entorno y aprovecharon los recursos disponibles. De estas personas, tenemos ya algunos datos recolectados, durante recientes excavaciones arqueológicas en el Conjunto Monumental. Con este primer acercamiento hemos podido observar restos de sus viviendas (huellas de postes y alineamiento de cantos rodados), conocer algo de sus ritos funerarios (enterramientos de paquete y urnas funerarias), determinar parte de su dieta (fragmentos de conchas y huesos de animales) y recolectar datos acerca de su desarrollo tecnológico (a través de las herramientas de piedra y vasijas de cerámica).
Estos son algunos de los temas que se pueden abordar mediante una investigación arqueológica y aún hay muchas preguntas por responder, a través de los materiales recuperados durante el trabajo de campo. Lo cierto es que nuestro pasado precolombino es rico y no debe pasar desapercibido para quien visita el sitio y desconoce la inmensa historia que hay detrás de las ruinas de Panamá La Vieja.
(El autor es coordinador de Arqueología del Patronato Panamá Viejo)
