Aunque usualmente los problemas derivadas de la elevada concentración de gases contaminantes en la atmósfera, como el smog y la lluvia ácida, por ejemplo, son asociados con las potencias industriales del hemisferio norte, esto no quiere decir que los países tercermundistas sean menos susceptibles a este tipo de fenómenos.
En Panamá, la lluvia vertida por nuestros cielos, todavía relativamente limpios, posee un ph o nivel de acidez de 5.5, lo que se sitúa dentro de los parámetros normales.
No obstante, mediciones realizadas este año por el Instituto Especializado de Análisis (IEA) han encontrado niveles de ph lo suficientemente bajos en dos áreas de la periferia metropolitana, como para que los científicos de este centro hayan considerado seriamente la posibilidad de que en nuestros cielos ya se esté generando la infame lluvia ácida, la cual azota naciones como Estados Unidos, Canadá, Japón y Alemania, entre otras.
