Los extranjeros que visitan los pueblos casi vacíos de Castilla y Extremadura, donde la gente emigra para combatir su pobreza, se preguntan cómo es posible que de estos mismos pueblos haya salido gente como Hernán Cortés o Francisco Pizarro, que han ganado para sus reyes ingentes cantidades de oro y plata.
Si preguntas qué fue lo más valioso que se llevaron de América los españoles, todos te dirán que el oro y la plata. Eso fue lo que les enseñaron en la escuela.
El oro y la plata que cruzó el Atlántico rumbo a Sevilla o a Cádiz solo sirvió para costear guerras en Flandes, Italia, Francia, el Mediterráneo y medio mundo, y también para comprar en el extranjero los numerosos bienes que España no producía, porque los españoles, después de casi ocho siglos de estar peleando con los moros, no sabían hacer otra cosa.
También se llevaron los españoles el maíz, la papa, los frijoles, el cacao, el tomate, el maní, la piña…
Estas cosas son las realmente importantes que se llevaron, porque han servido para alimentar seres humanos, mientras que el oro y la plata han servido para matarlos, tanto allí como aquí.
El tomate es tan importante, que cocinas nacionales (como la italiana) no se conciben sin usarlo. Por algo lo llaman il pomodoro (la manzana de oro).
La papa ha salvado de morir de hambre a miles de europeos en tiempos de escasez.
Además, el oro y la plata son gastos irrecuperables y los vegetales son inversiones que se reproducen.
No lamentes que se llevaran el oro y la plata. Eso no vale nada. Lo realmente valioso que se llevaron fue lo que sirve para vivir, no lo que sirve para matar.
El autor es jubilado
