Covid-19

Lo que se debe hacer...

La cantidad de información que ha generado la pandemia de Covid-19 es abrumadora. Haciendo una búsqueda en Pubmed –la base de bibliografía científica más grande del mundo– aparecen 92,553 publicaciones con el nombre de la enfermedad en el título. Desde epidemiología, cuadro clínico, tratamientos, análisis de transmisión, secuelas y respuesta inmunológica, hasta vacunas; es imposible leerlo todo.

Afortunadamente, las asociaciones médicas más respetadas del mundo han generado guías y compendios de información basada en evidencia que nos permite conocer rápidamente la información más relevante.

Sin embargo, con una enfermedad que tiene apenas un año de estar entre nosotros, hay mucho por aprender. De allí que sea tan importante que quienes toman las decisiones usen la mejor información disponible para que el tratamiento de los panameños sea el mejor que podamos ofrecer. Eso es lo responsable.

En ese sentido, es sorprendente que medidas que no cuentan con evidencia contundente sean incluidos en la estrategia “oficial” de manejo. Que el ministro decida que un medicamento sirve o no, y que eso sea tomado como un dato válido para decidir cómo tratar una enfermedad, puede que tuviese cabida en la Uganda de Idi Amín. Pero en un país occidental del Siglo XXI, con acceso a la mejor ciencia posible, no se justifica.

Incluir antibióticos, antiparasitarios y hasta esteroides para uso rutinario en toda la población no es responsable. Y si encima lo promocionan sin ninguna consecuencia personas que, al margen de sus buenas intenciones, no tienen ni la formación ni la idoneidad para recomendarlo, nuestros controles dejan mucho que desear de quienes deben velar por el bienestar de la población. Principalmente en una enfermedad que ya ha infectado a más de un cuarto de millón y ha cobrado la vida de casi cinco mil panameños en diez meses.

Sobre el uso de hidroxicloroquina, parece que ha bajado el entusiasmo, ante la consistente evidencia de muchos estudios que confirman una y otra vez que no genera beneficios en ninguna fase de la enfermedad ni ofrece protección alguna contra la infección. Uno que otro insiste con datos de internet o de estudios que no han sido revisados ni aceptados para publicación. Esa discusión parece cerrada.

Pero ahora, la nueva “panacea” que salvará al mundo, es la ivermectina. Un antiparasitario que se utiliza en animales (de los de cuatro patas), y en humanos, para tratar piojos, garrapatas, sarna y algunos parásitos. Hasta ahora, no hay información consistente que demuestre si sirve o no para Covid.

Los estudios controlados están en proceso y, mientras no se presenten, las agencias regulatorias como la FDA de Estados Unidos o la EMA de Europa no recomiendan ni descartan su uso en Covid-19. Esa es la conclusión vigente al día de hoy. Hay que esperar los resultados porque así funciona el método científico, realizando pruebas para validar o no una hipótesis

Sobre los detergentes a base de cloro, mejor no hablar. Son veneno y hay advertencias en todo el mundo del peligro que representan. Estudiar medicina para defender esas cosas es inaudito.

Ya esta semana deben llegar a Panamá las primeras vacunas para el personal de salud de primera línea y los pacientes de muy alto riesgo.

El Minsa, que tiene experiencia y buenos resultados en vacunación, prepara una estrategia de vacunación escalonada, similar a la de muchos otros países.

Sin embargo, ante una enfermedad que requiere que se vacune por lo menos un 70% de la población susceptible para pensar en inmunidad comunitaria, es prioritario vacunar a la mayor cantidad de personas posibles.

Antes que los anti vaxxers brinquen, no creo que la vacunación deba ser obligatoria. Pero, sí creo lógico que se establezcan normas en función de si una persona representaría o no un peligro para los demás. Finalmente, la seguridad colectiva no debe supeditarse a los caprichos de nadie.

Mientras nos vacunamos, son las medidas de salud pública que permitan mitigar la transmisión del virus las que realmente impactarán en la pandemia. Si logramos que toda la población las adopte, tendremos buenos resultados. ¿Cuáles son esas medidas? Pues, entendiendo que el virus es de transmisión por gotas y aerosoles (micropartículas virales que quedan suspendidas en el aire por tiempo prolongado), la mejor manera de evitar la transmisión es manteniendo el distanciamiento físico, usando las mascarillas cada vez que estemos cerca de otra persona y, en lugares cerrados, agregar a la mascarilla una pantalla facial y, de ser posible, filtros de aire y luz ultravioleta. Igualmente, es muy importante dar prioridad a las actividades al aire libre, que permiten que el virus en el ambiente se disipe rápidamente.

Como ejemplo, pensemos en el virus como si fuera el humo de un cigarrillo. Aunque no estemos junto a alguien que fuma, podemos sentir el olor del humo. Si estamos en lugares bien ventilados, ese humo se disipa y la exposición será menor.

Para recordar estas recomendaciones, evitemos lo que la Organización Panamericana de la Salud llama “Las 3 C”: lugares cerrados, lugares concurridos y contactos cercanos.

Siguiendo estos pasos, que están al alcance de todos, seguramente podremos reducir la cantidad de casos hasta que se haya distribuido la cantidad de vacunas necesarias para controlar la pandemia. No olvides que #ElVirusLoParasTu...

El autor cardiólogo y miembro del comité médico asesor de Todo Panamá

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