Si fuera a ofrecerle consejo a un joven al inicio de su carrera profesional, sería buscar y aprender de un buen mentor. Yo tuve la inmensa fortuna de aprender de un gran mentor: Arturo Donaldo Melo Sarasqueta.
Conocí a “Don Melo” luego de mis estudios de Maestría de Administración (MBA) y mientras trabajaba para una corporación agroindustrial en EE.UU., me dijo: “Si algún día regresas a Panamá, yo te daré trabajo”. Y así fue, le toqué la puerta y cumplió su palabra, como siempre. Al iniciar, me advirtió “Primero debes aprender” y empecé como su secretario privado, acompañándolo a las diversas reuniones y visitas desde donde se gestionaban los negocios de su grupo empresarial. Aprendí de todo: producción avícola, industria maderera, comercio al detal (retail), maquinaria, restaurantes, bienes raíces, inversiones … ¡Literalmente de todo!
Luego de un año, después de sentenciar que ya estaba “listo” me dio la oportunidad de gerenciar por primera vez una empresa: La División de Bienes Raíces del Grupo. Las lecciones que aprendí de “Don Melo” me han guiado toda mi vida profesional y siempre trato de compartirlas. Los “7 Habits” de Stephen R. Covey serán más conocidos, pero para mi, los “7 Hábitos” que aprendí de “Don Melo” fueron la mejor escuela de vida profesional.
1.Atención a los detalles.
En cada reunión de seguimiento semanal de un negocio, se presentaba y revisaba un “Acta” de resultados e indicadores numéricos con un nivel de detalle pormenorizado. El gerente del negocio debía dominar el detalle de todos los procesos a su cargo, porque el ojo de “Don Melo” siempre revisaba y encontraba algo para mejorar.
2.Repetición y constancia.
Ver seguidamente los mismos indicadores permitía diagnosticar tendencias, patrones e identificar los asuntos que ameritaban especial atención y gestión. La constancia crea expectativas claras y establece el pulso del negocio.
3.Trabajo, trabajo y trabajo.
Aprendí que cuando se disfruta lo que hace, el trabajo no es una carga sino fuente de energía. En Grupo Melo las reuniones de Junta Directiva se realizaban los sábados, porque para “Don Melo” el sábado era como cualquier día de la semana y por lo tanto un día más para trabajar. No existía tal “balance” entre el trabajo y la vida personal, se mezclan y se convierten en un sólo camino de compromiso y pasión.
4.Puntualidad.
Cada ejecutivo que trabajó con 'Don Melo' aprendía rápidamente la importancia de la puntualidad y si en algún momento llegaba tarde a una reunión, era muy probable que encontrara la puerta trancada y se quedara por fuera ¡Más nunca le sucedería!
5.Liderar con el ejemplo.
No hacía falta hablar mucho, su ejemplo era más claro y elocuente que cualquier discurso.
6.Seguimiento.
Todo lo que veía, lo apuntaba para seguimiento. Y eso que contaba con una memoria prodigiosa y con capacidad aritmética mental envidiable. Me enseñó que “Más vale un lápiz corto que una memoria larga”
7.Visión y mañana.
Quizás la enseñanza más importante de todas fue su capacidad para conjugar la atención al detalle del presente con su visión de futuro. El enfoque en el hoy, le permitía soñar con el potencial de mañana.
Este 5 de agosto se cumple un año desde que nos dejó “Don Melo”, pero no hay duda que “sólo mueren los que se olvidan”. Las enseñanzas que me dejó, las comparto siempre, como una forma de recordar, agradecer y honrar a mi gran mentor.
El autor es administrador de Empresas

