Ciencia y Religión

Los enemigos del alma: daño colateral de la Covid-19

Soy de una familia con trayectoria docente, diplomática, política, científica y académica. Esa tradición familiar, de ética e integridad me obliga a sentar ciertas pautas antes de comprometer indefinidamente mis contribuciones en este medio. Por ende, quiero que ésta, mi segunda entrega, sea para ayudar a reconciliar un tema que me compete tanto como ser humano así como mujer profesional, médica, científica y teóloga.

El ser humano se distingue de las demás criaturas por su capacidad de “cooperar”, sin la cual ya fuéramos compañeros de barrio de los simios o especie extinta a la par de los dinosaurios. Y una de la realidades que más me ha golpeado el espíritu durante la pandemia, es el surgimiento en Panamá de una mentalidad retrógrada y enfocada a la humillación del papel de nuestro país en el ámbito científico internacional, el cual un puñado de mis colegas y yo luchamos tan duro en las últimas décadas por enaltecer.

Panamá no es país de ignorantes, pero así se trata a nuestra población. Es espeluznante ver cómo personalidades no médicas ni científicas, se apropian irresponsablemente de medios de comunicación y redes sociales, para difundir información sobre falsas panaceas anti-Covid, no avaladas ni por la ciencia ni por sociedades médicas o autoridades regulatorias mundiales. La anarquía anti-científica se ha apoderado del sentido común y de la buena voluntad de los panameños.

Para recetas de tratamientos probados o no probados, ya no hay que buscar a médicos. Se abren las redes sociales o los anuncios “pagados” para que personajes no médicos difundan mensajes o “guías” para la Covid-19 que para un abogado estarían claramente “fuera” del marco de la ley. Igualmente preocupante, es el silencio angustioso de nuestras autoridades de salud al respecto. Los mensajes en contra de la vacunación, la única medida históricamente probada para eliminar o controlar las epidemias y pandemias, es mancillada con teorías conspirativas, dignas de películas o novelas de ciencia ficción. El terrorismo intelectual se riega en Panamá más rápido que el mismo Coronavirus.

Y en el área teológica, las violaciones a la dignidad humana por personas ignorantes en religión pretenden sembrar la idea absurda de que un ateo respetable no pudiera trabajar lado a lado con profesionales creyentes que practican una vida espiritual. Tal es el caso de mi persona, como teóloga y creyente en Dios, y de mis colegas expertos en especialidades como la virología, inmunología y vacunología, quienes en todo su derecho no profesan religión alguna. Esta falacia de condenar el agnosticismo y el ateísmo es tan o más grave que la falacia que desmiente a la ciencia en favor de promocionar ideas y productos ineficaces, tóxicos y poco estudiados. Apoyada, pues, en mis credenciales de teóloga de la Universidad de Yale, quiero desmantelar los juicios sacrílegos y herejes de los que pretenden denigrar a seres humanos basados en su estatura espiritual no religiosa. Esto es anti-cristiano en todo el sentido de la palabra! ¿Con qué derecho están estas personas jugando a ser dioses?

Los que creemos en Dios sabemos que Dios es más grande que estos juicios absurdos. Mi creencia en “un solo Dios” refleja precisamente esa fe en un poder superior creativo, justo y no discriminativo. Dios, el universo o el poder superior, llámese como se le llame, nos creó a todos a “su imagen y semejanza”, sin requisito de culto. Basta de usar el calificativo de ateo o agnóstico como insulto o peyorativo. Un ateo bueno es más digno a los ojos de Dios que cualquier cristiano abusivo o calumnioso, como muchos de los que practican esa verborrea ruidosa y absurda, tergiversando conceptos sagrados de ciencia y “medicina basada en la evidencia”, para hipertrofiar sus egos.

No es cierto que los cristianos católicos, anglicanos, bautistas, pentecostales, episcopales o sin denominación, rechazamos la dignidad y la intelectualidad de agnósticos o ateos. Esos puritanos creyentes que atacan por la espalda a los “no-creyentes” violan las leyes principales de Dios de “amar al prójimo como a ti mismo” pre-requisito para “amar a Dios sobre todas las cosas”. ¡Ellos son los verdaderos enemigos del alma y de Dios!

¡Alto!... a los abusos de impostores médicos, teólogos improvisados y “falsos profetas” descritos al dedillo en la epístola de San Pablo a su discípulo Timoteo, en la Biblia cristiana. Esos impostores, son quienes ‘deliran acerca de controversias y contiendas de palabras, de las cuales vienen envidia, discordia, calumnias, sospechas perversas, y necias rencillas, entre humanos de mente corrompida y privados de la verdad, que tienen la piedad como fuente de ganancia.’ (1Tim6:4-5). Urge comportarnos con la decencia y el respeto mutuo que nos definen como humanos.

La autora es médica, investigadora científica y teóloga

* Este artículo de la doctora Marta Illueca, debió publicar ayer domingo 20 de febrero. Por error se publicó Las vacunas: olimpiadas sin medallas, que había sido publicado el 24 de enero pasado.

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