Estas generaciones nuestras, las que estamos viviendo, hemos conocido cambios drásticos a nivel mundial y nacional:
La Segunda Guerra mundial; la guerra fría; la Constitución Política de 1946; la devolución de las bases militares; las bombas atómicas de hidrógeno; el segundo derrocamiento de Arnulfo; la guerra de Corea; el asesinato del presidente Remón Cantera; el primer satélite artificial: Spucnic; las luchas para que ondeara la bandera panameña en la zona del canal; el triunfo de Fidel; el cabildazo; la guerrilla de cerro Tuto; las armas por farallón de Tito Arias y Margot Fontayn.
La invasión de cubanos por Nombre de Dios; la construcción del muro de Berlín; la guerra de Vietnam; la muerte del Ché Guevara en Bolivia; los tratados tres en uno; la matanza de Tlatelolco; la revolución primaveral francesa; el tercer derrocamiento de Arnulfo y golpe militar del 11 de octubre; el gobierno militar de Omar Torrijos; el viaje a la Luna; la paz en Vietnam; la revolución cultural china y las relaciones con Estados Unidos; el reconocimiento de la República Popular China en la ONU; la “renuncia” de Nixon; el golpe militar en Chile y el asesinato del presidente Allende; los tanques rusos en las calles de Praga; los dos tratados Torrijos Carter de 1977 y la abrogación del Bunau Varilla-Hay; la derogación de la reforma educativa en 1979; el veranillo democrático y la vuelta al régimen de partidos políticos; la caída del Cha de Irán y su exilio en Panamá; inicio de la administración de las áreas revertidas; la muerte misteriosa de Torrijos.
La dictadura del Gral. Rubén Darío Paredes y el cierro de los periódicos, en 1982; el grupo contadora como una instancia multilateral propuesta por México a Colombia, con la participación de Panamá y Venezuela, en 1983; la reforma constitucional de 1983; la vuelta a la Asamblea Nacional de Legislación y la eliminación de la Asamblea de Representantes de Corregimientos; la dictadura del sátrapa; la invasión; las elecciones “democráticas”; la soberanía total; la invasión a Irak; la terminación de la ampliación del canal panameño; la medalla de oro olímpica de Irvin Saladino; la década perdida, sobreprecios y llenos de deudas 2009-2019; Panamá, por primera vez en el mundial de fútbol, en Rusia 2018; las elecciones presidenciales del 5 de mayo de 2019 que le dan el triunfo a Nito Cortizo por 3,000 votos; la pandemia mundial provocada por la Covid 19; los futuros cambios estructurales de la economía y la nueva revolución social (próxima a iniciarse).
Hay más hechos, pero estos son los que por ahora recuerda mi vieja memoria de 72 años.
Nuestra sociedad sí tiene memoria histórica. La que no la tiene es un grupito de panameños que ha vivido alejado de la realidad económica y social, que domina las actividades comerciales y, por tanto, ha manejado los hilos del poder político (élites) y sigue creyendo que “estar agarrado, sostenido de la brocha” le va a seguir durando todas las futuras vidas. No aterriza y mucho menos pretende ser solidario y sacrificado, pero sí se lo exige al pueblo.
Sin ser gurú, la revolución no se iniciará en Panamá. Será una nueva pandemia social importada desde los países europeos y, como nos enseña la historia, la dirigirá y liderará la clase media, que ha perdido sus posiciones dentro de la sociedad mundial y nacional. (Estas élites siempre han fracasado en historia patria y universal).
No hay mejor incubadora de una revolución que un grupo de hombres, que gracias a la educación se ha movido y ascendido en los estratos sociales y se le pretende rebaja a los estratos sociales de donde provenía. Ellos no dejarán perder sus ubicaciones actuales y tampoco aceptarán ser “los nuevos esclavos”.
¿Alguien le podrá llevar esta advertencia y sugerencia a las élites enquistadas en nuestro suelo patrio sobre el urgente cambio que viene como un tsunami ?. Las élites no tienen nacionalidad y se desplazan a donde mejor encuentren pueblos ignorantes y, por tanto, sumisos. Recordar al Libertador Bolívar: moral y luces es la consigna.
Las élites nunca creyeron en la lucha generacional para lograr la soberanía total. Decían que de soberanía no se comía, pero fueron las primeras en “jartarse” las mieles del canal y dejarle las sobras amargas al pueblo.
¿Será que siguen creyendo que nada cambiará y más bien podrán “reforzar sus comportamientos esclavisantes”?
El autor es cientista político