Cocada, tomates, guineos, papayas, limones, naranjas, plátanos, guayabas, frijoles, ajíes, cebollas, lechugas, repollo, empanadas, dulces, refrescos, perros calientes, chicheme, limonada.
La mañana fría los encontró en pie, quien sabe si con algo en el estómago. Ofreciendo sus productos. Al lado del semáforo. Recibiendo la atención, otras veces la indiferencia, otras la grosería de los transeúntes y clientes, a quienes corresponden con un saludo y hasta con una bendición. El sol calentando más y más. Corriendo a guarecerse de la lluvia. Saltando del conductor molesto y apresurado que les tira el auto encima.
Piñas, culantro, achiote, plátanos, jengibre, pan, dulce de leche, galletas, mentholatum, agua de maravilla, bolitas de alcanfor, mixtura de ruibarbo, alcohol, navajas de afeitar, jabón fenicado, banderitas, cometas, bolígrafos, cepillos de dientes, estropajos, cortaúñas, cargadores de celular, cebollina, sebo de Cuba.
¿Cuáles son las alternativas que da nuestra sociedad a estos cientos de miles de panameños y panameñas nacidos y criados en la pobreza, de condición humilde? ¿ Sentarse a recibir sin trabajar la dádiva de un politiquero clientelista a expensas del erario? ¿Ingresar en la tenebrosa red del robo y del crimen que azota a nuestra sociedad? ¿Unirse a la multitud de empleados públicos parásitos que ocupan cargos sin prestar ningún servicio?
Papas, arroz, porotos, lentejas, arvejas. Maíz cocido, mazorcas, mafá, mamones, ají picante, bolas de tamarindo, cohetes, pimienta molida, mascarillas, gel alcoholado, nance, guanábanas,
No. Ellos han escogido estar de sol a sol, de agua en agua. Todos los días, a la luz del semáforo que cambia de verde, rojo a amarillo. Dándonos una lección permanente de esfuerzo y dignidad. Son los héroes del semáforo. Panameños honestos que merecen todo nuestro respeto y homenaje. Cada vez que paso ante ellos en el semáforo, no es que necesariamente pare a comprar sus productos, pero si a mirarlos fugazmente con el más hondo sentimiento de consideración y reconocimiento. Mil veces más fuerte cada día.
El autor es ciudadano panameño

