La hidrogeología, como disciplina, nace en París en 1802 bajo los estudios del biólogo y paleontólogo Jean Baptiste Lamarck, realizando posteriormente el primer mapa piezométrico (nivel del agua en un acuífero) en 1862, representando la hidrología del departamento hídrico del Sena. De acuerdo con datos de Naciones Unidas en 2014, se estimó que casi la mitad de la humanidad (3,500 millones de habitantes) se abastece directamente del agua subterránea, distribuyéndose este consumo en un 22% en el sector doméstico, 67% en irrigación y 11% en la industria.
Aunque el agua subterránea no se puede cuantificar de la misma manera que el agua de los río o lagos, esta abastece naciones enteras, como lo son para la isla de Malta en el mediterráneo, con una población de 493 mil 559 habitantes, o Arabia Saudita en Medio Oriente, con una población de 32.9 millones de personas. También abastece parte de la población de grandes ciudades, como lo son Daca en Bangladesh, con 28.4 millones de personas; Shanghái, con 24.2 millones; Pekín, con 21.5 millones; México D.F., con 8.9 millones de habitantes; Nueva York, con 8.6 millones de habitantes; Calcuta, en India, con 4.5 millones; Buenos Aires, con 2.8 millones; París con 2.1 millones, y Praga, en República Checa, con 1.3 millones, sin olvidar los innumerables pueblos cuyos habitantes dependen del agua de los pozos para sobrevivir al día a día, durante las estaciones secas o eventos climáticos extremos.
Tal es el caso del Arco Seco de Panamá, donde residen aproximadamente 535 mil personas, las cuales se distribuyen desde el oeste de la provincia de Panamá Oeste hasta el sur de Veraguas. Esta zona geográfica afectada gravemente por las sequías de la estación seca cada año, más los eventos extremos –cuando estos visitan el istmo–, debilitan el recurso hídrico superficial, convirtiéndose el agua del subsuelo en el principal donante. Por lo cual es responsabilidad de todos, más la correcta gestión de las autoridades, asegurar el buen estado del agua subterránea.
La importancia de este recurso yace en que es el agua de los momentos de crisis, el agua del futuro. Si no se toman las medidas pertinentes de cuido y protección, su uso puede verse limitado, no en cantidad, sino en calidad. Sin la intervención de los seres humanos, el agua subterránea no suele presentar una alta calidad para su consumo, dependiendo ésta de la composición química de las rocas que atraviesa, que suele comúnmente contener calcio, magnesio, sodio y potasio. Naturalmente, los acuíferos pueden estar contaminados por elementos tóxicos e indeseables para la salud humana, como el arsénico, el níquel, el antimonio u otros elementos en altas concentraciones.
Antropogénicamente, el agua subterránea se ve amenazada en la mayoría de los casos por una agricultura mal gestionada, en la que compuestos químicos como el nitrato, el nitrito o fósforo se infiltran alcanzando las zonas saturadas y, dependiendo del compuesto y tipo de suelo a través del cual se mueve en el agua, estos perdurarán por mucho tiempo. Los vertidos industriales descargados en los cursos superficiales son otro problema, ya que, si es el río o quebrada que alimenta el acuífero, lo contaminará. Adicionalmente, los derivados de hidrocarburos son otra amenaza; los derrames desde tanques y tuberías suelen afectar pozos cercanos, y resultan perjudiciales para la salud, aunque sea en bajas concentraciones. Otro factor es la perforación de pozos sin estudios geofísicos. Esto pone en riesgo los acuíferos. No obstante, es importante mencionar que al momento que los contaminantes alcanzan el agua subterránea, sin importar la profundidad a la que se encuentren, la zona no saturada (el área de raíces) lo estará primeramente. Por lo cual la contaminación va mucho más allá que únicamente a los acuíferos.
Lastimosamente, son pocos los avances que nuestra sociedad panameña tiene en el conocimiento, evaluación y funcionamiento de sus aguas subterráneas. Mientras que países como Canadá, Holanda o Hungría basan su política económica-social en una política hídrica, en Panamá no se tiene un catastro actualizado de todos sus pozos, lo cual debe cambiar próximamente. El agua del subsuelo ha sido parte de la vida de los hombres y mujeres desde antaño; las evidencias están en los canales subterráneos de Petra en Jordania, hasta los baños públicos en la Roma imperial; los canales de riego de desaparecidas civilizaciones en el Perú, o los pozos artesianos de la edad media. Como prioridad, el Estado debe asegurar a sus habitantes calidad y cantidad en sus aguas, tanto superficiales como subterráneas.
El autor es estudiante de doctorado