Los franceses que son duchos en estudiar y analizar las convulsiones políticas, por su propia experiencia, las han catalogado, cuando son ‘leves’, sin revolución, en tres grupos denominados Coup d’ Etat (golpe de Estado), Coup de Palais (golpe de palacio) y Coup de Couloir
(golpe de corredor o de pasillo).
En el golpe de Estado, que es el más grave, el gobernante de turno es desplazado del poder y reemplazado por otro u otros que ocupan su cargo, enviándolo a prisión, al destierro o asesinándolo. A éste se le ha denominado recientemente 'salida abrupta' del poder. En el golpe de palacio, el gobernante es, por lo general, dejado en su cargo, pero sus facultades y el ejercicio de las mismas pasan a manos de otro órgano estatal, pasan, por ejemplo, del Palacio de Las Garzas al palacio de Justo Arosemena, de allí su nombre de golpe de palacio (por el cambio de la sede de poder).
El gobernante despojado se mantiene normalmente en el cargo, pero sin funciones. Se produce algo así como una monarquía parlamentaria, donde el Rey reina pero no gobierna, limitándose sus funciones a las meramente protocolares: presidir las fiestas patrias, izar la bandera, recibir los agentes diplomáticos acreditados en el país y otras similares.
Finalmente está el menos grave, el golpe de pasillo. En él el gobernante se mantiene en el cargo dizque ejerciendo sus funciones, pero en realidad éstas son ejercidas por el que manda en verdad, generalmente alguien del entorno oficial, como algún ministro o vicepresidente. Para ello el gobernante de turno se acoge a una sabática con licencia temporal o cuarentena o licencia o vacaciones, conservando incluso su despacho. Los sintetizaron maravillosamente los mexicanos diciendo que se señalaba el lugar o despacho del gobernante con las palabras 'aquí está el despacho del Presidente, pero el que manda está enfrente'. Se convierte así exactamente en el sentido natural y obvio de la denominación del cargo: presidente que simplemente preside.
Este golpe no se limita al presidente, puede ser objeto del mismo cualquiera de los ministros. Así, el canciller que permanece en el cargo para asistir a los cocteles, pero cuyas funciones las ejerce en realidad otra persona.
El autor es abogado