Hay hoy una gran cantidad de panameños que no conocieron la dictadura, y con ligereza dicen cosas como “esa Asamblea de corruptos hay que cerrarla”… O, “¿cuál es el problema con que Senafront esté protegiendo la Asamblea?”
Como nunca han vivido sin libertad y nunca les tocó luchar por la democracia, no realizan que comentarios como ésos equivalen inconscientemente a andar pidiendo cadenas, no solo para ellos mismos, sino para sus hijos y su descendencia.
Para analizar este fenómeno –que no solo es panameño sino bastante universal– comencemos por preguntar qué significa para mí y para ti la palabra “libertad”.
La descripción más sencilla la leí de boca de un campesino peruano cuando dijo “¡para mí la libertad es el derecho a que no me peguen!... ¡Es no vivir con miedo!”
Y democracia, ¿qué es? Primero, es libertad y derechos por el solo hecho de existir como humano. Entre esos derechos está el de auto-gobierno, de decidir con mi acción y voto quién nos gobierna. Es el derecho a ser ciudadano a tiempo completo para asegurar cómo nos gobiernan; es asumir nuestras responsabilidades como parte activa de un poder ciudadano.
Pero, ¿cuántos de nosotros, al describir el significado de la palabra democracia, le sumamos a la descripción la palabra “igualdad”? La misma es supremamente importante, porque así como no se puede garantizar nunca la igualdad de resultados, para que la democracia sea estable se requiere cuidar que exista igualdad de oportunidades, sobre todo en temas básicos como agua, educación, salud/seguridad social, seguridad/justicia y trabajo digno. En todas éstas, nuestra democracia panameña es muy desigual. ¡Peligrosamente desigual!
Todos necesitamos ponernos de acuerdo en un nuevo pacto social que, con reformas radicales, logre disminuir con urgencia éstas desigualdades para asegurarle larga vida a nuestra libertad y democracia.
La terrible crisis del virus, junto al igualmente terrible golpe de la naturaleza, extremarán aún más estas peligrosas desigualdades y nos deben mover a contribuir con los cambios radicales. Si nuestro presidente no lidera con el ejemplo, dando un golpe de timón, la ciudadanía (nosotros) nos tendremos que echar el bulto al hombro y liderar con nuestra fuerza de propósito y consenso.
Al hacer ésto, debemos ser una fuerza moral para parar el vulgar robo en la Asamblea, armado desde el Ministerio de la Presidencia, pero nunca hablar de cerrarla, destruyendo la institución y dando paso a una dictadura, que sabemos cuándo inicia pero nunca cuándo termina (la última duró 21 largos años). Así, con el aplauso del pueblo, un tal Fujimori inició una dictadura – la más corrupta y sanguinaria en Perú – y como éste hay muchos ejemplos más.
Y, ¿lo de Senafront? Terminada la narco-dictadura de Noriega, lograda por una vergonzosa y terrible invasión extranjera, todos los panameños nos declaramos –por Constitución– un país desmilitarizado y neutral. Gracias a la ilegal insistencia del Tío Sam, la falta de columna vertebral de nuestros políticos, y con la “excusa” de una supuesta guerra contra las drogas, nos formaron un Senafront militarizado para las fronteras (éstos muchachos no son policías y no conocen nada del protocolo de una policía civil). Después, poco a poco, la Fuerza Pública y el Ministerio de Seguridad cayeron en manos de militares… Todo ésto en violación de nuestra Constitución desmilitarizada.
Las veces que gobiernos han afrontado la necesidad de controlar protestas y multitudes, se mueren del susto, llaman a Senafront y estos soldados matan o dejan ciegos a ciudadanos (porque su entrenamiento es ése). Allí están los ciegos de Bocas y los muertos de Colón como ejemplo. Senafront se creó para nuestras fronteras... ¡Y punto!
¿Quieren caminar hacia otra dictadura? ¡Sigan reaccionando con el hígado, sin usar la cabeza, por simple falta de vivencia de lo que significa vivir sin libertad y sin democracia! ¡Despierten! Cada exigencia sin pensar tiene consecuencias, y aunque nadie aprende en cabeza ajena, ¡quien no conoce la historia está destinado a repetirla!
Hermanas y hermanos en la nacionalidad: ¡despertemos y seamos ciudadanos a tiempo completo, luchando por cambiar las desigualdades inaceptables, para así conservar nuestra libertad y nuestra democracia! La democracia nunca se debe dar por hecha. Hay que construirla con nuestras acciones, día a día.
El autor es fundador del diario La Prensa