La ludopatía y las reformas constitucionales

De manera que la concesión de los juegos de suerte y azar es sin duda un negocio lucrativo para aquellas personas o empresas que la explotan, mas no así para los habitantes de nuestro país y menos para aquellos individuos que, ante la crisis económica que vive la nación, buscan en esta actividad la solución a sus problemas inmediatos, desconociendo que se exponen a convertirse de jugadores ocasionales a jugadores compulsivos, terminando en jugadores patológicos que no pueden controlar sus deseos obsesivos por jugar (leer la novela El jugador, de Fedor Dostoyevski), poniendo en peligro su bienestar económico, social, familiar y de toda índole para satisfacer el insaciable deseo de jugar.

Es así que como resultado de la proliferación de las salas de juegos y azar por doquier, se ha desatado una epidemia aparentemente ignorada por las autoridades nacionales que tienen la obligación legal y constitucional de velar por la salud de la población, brindándole al individuo la conservación de un completo bienestar físico, mental y social. Hablo de la enfermedad conocida como ludopatía, que es definida por los especialistas en la materia como el deseo compulsivo y descontrolado por jugar.

Lamentablemente en nuestro país no se ha tomado plena conciencia de esta enfermedad, como sí ha ocurrido en otras latitudes donde el Estado y la sociedad han unidos esfuerzos para dictar leyes para la prevención y tratamiento de la ludopatía, evitando con ello que jugadores patológicos se expongan, como en efecto ocurre hoy, a la pérdida del empleo, la desintegración familiar, menoscabo de los bienes materiales que con esfuerzo familiar y a lo largo de los años han acumulado, convirtiéndose al final del camino en individuos proclives al suicidio y al delito para saciar su deseo de jugar.

En conclusión, de aprobarse la reforma planteada al Artículo 292 de nuestra Carta Política, Panamá se convertiría en un gran garito y nos veríamos envueltos en una vorágine de consecuencias impredecibles, ya que la ludopatía es considerada un factor de pobreza, criminalidad, prostitución, y en muchas ocasiones ha destruido lazos familiares donde resultan niños abandonados y desprotegidos, toda vez que uno de sus progenitores, sin saberlo, padece de una enfermedad que no tiene cura pero que puede controlarse con grupos de autoayuda debidamente asistidos por personal idóneo.

Por todo lo anteriormente expuesto, hago un ferviente llamado a los legisladores, tanto de la patria vieja como de la Patria Nueva, para que desistan de sus pretensiones concesionistas y salvemos a miles de panameños que por ignorancia pueden caer en manos de esta terrible enfermedad.


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