POLÍTICA AMBIENTAL.

Fuera de lugar

Para cualquier aficionado del deporte de las multitudes, hay imágenes que sobreviven el pasar de los tiempos. Una de ellas es la del arquero colombiano René Higuita persiguiendo al delantero camerunés Roger Milla desde la mitad de la cancha. La pregunta inmediata que haría cualquiera de los más jóvenes: ¿Y qué hacía el portero fuera de su posición? Y es que Higuita, al igual que nuestros funcionarios de la Autoridad Nacional del Ambiente (Anam), parecía deleitarse con hacer todo lo que no le correspondía, hasta aquel fatídico día en que su osadía provocó la eliminación de uno de los mejores equipos de fútbol que ha tenido la hermana república.

Sería muy difícil compadecerse del desventurado portero, así como del Asesor Legal de la Anam que ahora no sabe qué hacer con los empresarios de Petaquilla que continúan construyendo, a pesar de la oposición de la institución rectora de los recursos naturales (La Prensa, 30 de abril). Y es que los funcionarios de la Anam han pasado cuatro años promoviendo proyectos de desarrollo limpio, en especial hidroeléctricas, al mismo tiempo que trataban de regresar apresuradamente a ocupar la posición que se les había asignado como defensores de nuestras riquezas naturales.

Al contemplar esta tragicomedia, solo nos queda preguntarnos qué ha provocado que estos funcionarios no hayan desempeñado el papel que les ordenaban las leyes nacionales. ¿Sería simple descuido o falta de recursos para cumplir con su misión? Esto no lo creemos, porque en esta institución hay jugadores estelares con sobrado talento y experiencia. ¿O sería que las reglas del juego no permitían atajar a los empresarios inescrupulosos? Esto tampoco nos convence, especialmente cuando el Banco Interamericano de Desarrollo ha invertido cuantiosos recursos para desarrollar nuestra "institucionalidad ambiental".

A ver qué más podemos aprender de Higuita: ¿Acaso será, al mejor estilo de las teorías de conspiración latinoamericanas, que en verdad al portero le pagaron para que dejara entrar esa anotación? De esto no tenemos evidencia, pero siempre nos quedará la duda. ¡Tal vez no fue al portero, sino al defensa central! Pero en mi opinión la explicación más atractiva sería que el portero, o el capitán del equipo, estaban buscando protagonismo, anotar sus propios goles que les aseguraran fama y fortuna para cuando terminara la gesta mundialista.

Y al intentar una proeza que estaba fuera de lugar, al infeliz Higuita se le escapó el atacante del equipo contrario, cuando ya se estaba terminando el partido. ¡Qué patética la historia de este guardameta que quiso hacer de delantero, al igual de la de aquellos que pasaron dando paladas, organizando foros y asistiendo a encuentros de cambio climático en cualquier lugar del mundo para hacer anotaciones que estaban completamente fuera de su competencia! ¡Hace años que no han podido inscribir ni un solo proyecto en el Mecanismo de Desarrollo Limpio del Protocolo de Kyoto! Tristemente, la única diferencia ha sido que Higuita sí jugaba por amor a la camiseta, mientras que a estos sinvergüenzas nosotros les hemos estado pagando para que nos dejaran en ridículo a nivel internacional.


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