Un artículo titulado La Invasión de los Estados Unidos a Panamá, publicado en la Revista Lotería por el pensador e historiador Ricaurte Soler, señala que Río Hato fue la única extensión de las Fuerzas de Defensa fuera del área metropolitana (Panamá y Colón) atacada por el ejército invasor. En sus instalaciones operaba un comando de compañía, tres pelotones de fusileros, una sección de morteros, un pelotón de guardias, cuatro secciones especializadas (comando, hombres rana, explosivistas y Panajungla) y una sección motorizada llamada cocuyos montañeros. También albergaba dos centros de instrucción militar, el Instituto Tomás Herrera (los tomasitos) y la Escuela de Suboficiales General Benjamín Ruiz.
La base de Río Hato estuvo ligada a la lucha generacional de los panameños contra la presencia militar estadounidense. En 1941, Estados Unidos impuso un tratado mediante el cual Panamá aceptaba, sin costo para Washington, el establecimiento de 130 bases fuera de los linderos de la zona canalera. Las bases debían ser desmanteladas un año después de terminada la Segunda Guerra Mundial. Posteriormente se intentó extender el plazo mediante el Convenio Filós-Hines, pero el rechazo popular lo impidió. No obstante, en 1955 se firmó el Tratado Remón-Eisenhower, que prolongó la presencia militar de Estados Unidos por 25 años más. A principios de los 70 revirtió a Panamá y quedó bajo el control del régimen militar. Todavía se pueden observar las ruinas de las viviendas que habitaban los soldados norteamericanos.




