PANAMÁ. Me voy a referir al tema de los hoteles, restaurantes y clubes, que son parte de la Industria de Servicio Hospitalario (Hospitality Service Industry), y que —con toda modestia—conozco mejor que muchos. Ya sea por mi preparación, mis años de experiencia o porque no soy, ni nunca he sido remisivo de nadie. Con sueldo o sin sueldo. Con ganas o sin ganas.
Gerentes. Los únicos tres gerentes de hoteles extranjeros que conocí personalmente (no pude conocerlos a todos; como, por ejemplo, al primer gerente del Hotel El Panamá Hilton: Un portorriqueño muy bien preparado, llamado Roberto Lugo) que, a mi juicio personal y profesional, irradiaban conocimiento hotelero formativo y cabal fueron Ralph Reber, Hans Joachim Hauck y Fernando Hoffmann Caballero. No quisiera dejar de incluir a otros dos, que se que estaban muy bien preparados, pero poco los traté. Aun así, la cantidad es muy reducida para todos estos años en cuestión.
Sin embargo, ninguno de ellos fue un maestro de su profesión para otros fuera de su entorno de trabajo. Es decir, no dedicaron parte de su tiempo personal a impartir clases en centros de educación nacional como así es de esperar. ¡Especialmente si se les concede un permiso de trabajo como debiera ser el espíritu de la ley que les permite su empleo en el país!
Los otros que he conocido y conozco fueron cocineros, ingenieros, azucareros, cantineros, contables, vendedores de ropa, muebleros y ¡mencione usted!
El problema no está en lo que fueron sino en lo que son. Una buena parte de ellos, no todos, se cree la "mamá de Tarzán" y la otra, la "mamá de la mona Chita". Ocupan las páginas de los diarios con la misma o mayor frecuencia que los puestos presidenciales de las diferentes organizaciones que los aupan. Pareciera que no hay otras personas capaces de dirigir esos gremios que no fuera ellos. Y se parecen a los presidentes de turno en eso de que han hecho y hacen mejor que el gobierno anterior. Chef de cocina. Hasta ahora no conozco a ningún chef de cocina extranjero que haya estado o está en Panamá y que tenga o haya tenido la preparación y la magnífica experiencia culinaria de trabajo de un Antonio Cappellini. Alguien me dijo: ¡Si están aquí es porque no fueron de la Alta Cocina! Yo no tengo ningún inconveniente en saber y reparar sobre lo que eran. Pero, no deja importarme que solo uno que otro de ellos se dedica a instruir a los nuestros dentro y fuera de su entorno de trabajo.
En resumen. Mucho se habla de que el panameño no está preparado para tal o cual posición. Por mis aulas de enseñanza han pasado muchos panameños con verdadero entusiasmo por servir a su patria en el campo turístico. Para ellos ha sido una faena de sacrificios y mucho tesón ser parte de esta industria. Y, sin embargo, muchos no encuentran trabajo o son relegados a posiciones de muy baja escala salarial y posicional.
Mientras que, la mano de obra extranjera encuentra muy fácilmente mejores condiciones. Entiéndase que no me opongo al servicio de extranjeros. Me gustaría ver que vengan a enseñarnos de verdad y por un tiempo determinado, tal cual debe ser el espíritu de la ley que les permite trabajar aquí. Si son tan buenos, como es de esperar, ¡serán requeridos en otras latitudes; por lo cual no dejarán de estar empleados y no necesitan quedarse en Panamá!
El problema radica en que muchos no son profetas en su tierra. Y eso no estaría mal si nuestros propios compatriotas entendieran que somos igual o mejores que ellos. ¡Yo todavía no sé en qué son mejores! Lo sé por experiencia propia: ¡Aquí y en Puerto Rico!
Lo malo está, como diría ese gran experto en turismo, José Ignacio López de Arrillaga, en que quienes poco saben de turismo acepten embarcarse en esa nave que es demasiado grande para ellos.