CORRUPCIÓN

Una mano soborna y otra recibe

¡La corrupción crea empleos, defiéndela! Tal es el cinismo de los corruptos y los corrompidos que, incluso, anuncian campañas contra el crimen organizado, mientras tienen en sus bodegas drogas y dinero en efectivo, listos para penetrar en todos los estratos sociales de los países. Mucha tinta y debates han abordado los medios de comunicación sobre el tema de la corrupción, pero parece que no hay forma humana ni divina que pronostique un futuro limpio y libre de escándalos, que son el pan de cada día y sacuden a nuestra sociedad.

En la antigua Roma, la corrupción (en latín corruptío) fue enorme fuente de ingresos para los emperadores, senadores y la alta clase social. Ellos fomentaban las guerras con el propósito de apoderarse de las riquezas de los pueblos conquistados, para distribuirla luego entre sus más connotados y distinguidos ciudadanos. Estos, a su vez, la utilizaban para sobornar y realizar sucios negocios con el acaparamiento de tierras y otros bienes materiales que le pertenecían a ciudadanos huérfanos de la protección de autoridades, cómplices de los poderosos.

Esta historia no ha cambiado nada en los tiempos actuales; por el contrario, hoy los corruptos se han perfeccionado con nuevas tecnologías que les permite lavar dinero sucio, haciendo transferencias, sin obstáculos o pocos requisitos bancarios. La gran verdad sea dicha, y es que el crimen organizado camina muchos pasos por delante de las autoridades.

En Panamá, vemos cómo magistrados y jueces reciben denuncias sobre el enriquecimiento de personajes que entraron al gobierno, con una mano atrás y otra delante, pero hoy ostentan fortunas, sin que les importe que se hable de ellos en esquinas y parques. La lógica indica que están blindados contra cualquier acusación ante los tribunales –que se encogen de hombros– y que las denuncias van directo a un polvoriento armario.

Ahora bien, el Ministerio Público y el contralor se han especializado en intercambiar notas que no logran hechos concretos, para purgar sin miramientos a ciertos servidores públicos del pasado y del presente, que caminan alegremente por las calles, a pesar de que la sombra de la corrupción se proyecta en sus humanidades, ignorando que la ciudadanía ya tiene grabado lo que han hecho y siguen haciendo.

¿Mejorar el sistema de justicia será lo ideal? Si tomamos un termómetro para medir la temperatura del pueblo, observaremos que el punto de ebullición refleja vapores de cólera contra esos absurdos pactos de no agresión, entre magistrados y diputados. El pueblo está agotado de lanzar gritos, pidiendo a los encargados de administrar justicia que se revistan de valor y enfrenten a los que continúan considerándolos sus lacayos y escuderos.

¿Tendrán sangre en las venas quienes lideran los poderes del Estado? Parece que se alimentan de desayunos, almuerzos y cenas tóxicos, porque en los casos de alto perfil que preocupan a la ciudadanía se ponen un apretado bozal, y aquí no ha pasado nada. Así es hoy mi Panamá.


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