Después de permanecer diez días fuera de Panamá, ojeando la página principal de La Folha de San Paulo, encuentro la noticia anunciada por la companía norteamericana ACT (Advansced Cell Technology Inc.) de haber concluido la primera clonación de un embrión humano, en la historia de la humanidad.
Dice el artículo que el trabajo había sido llevado en secreto desde sus inicios, utilizando la misma metodología que se usó en la clonación de la famosa oveja Dolly, en 1966.
Es increíble reconocer cómo los medios de comunicación se quedan cortos cuando se refieren a las implicaciones éticas y morales que este suceso estremece. Algunas revistas de gran prestigio, pero que ya han publicado temas de fraudes científicos y otros artículos controversiales en su afán de ser los primeros, como The Journal of Regenerative Medicine y Scientific American, aceptaron sin pestañear el artículo donde se describe el experimento humano liderado por el argentino José Cibelli y el norteamericano Robert Lanza, a pesar de la condena del presidente Bush y parte del Senado norteamericano, así como de grupos civiles antiaborto.
Después de casi 5 años de trabajo escondido y quién sabe qué número de embriones sacrificados y desechados, han logrado sus objetivos.
Lo controversial de este proceso radica en que por definición, la creacion de un embrión, ocurre después de la unión de un óvulo y un espermatozoide humano. En el proceso de clonación, el material genético se obtiene a partir de una célula somática del adulto a ser copiado y que, finalmente, al agregarse a un óvulo se obtiene la estructura de un embrión formado por el proceso de fertilizacion.
Los investigadores alegan que aún no hay vida humana, solo vida celular, desconociendo el aporte espiritual divino de la creación. En mi opinion y en la de muchos más, hay, indudablemente, una vida en cada embrión que es utilizado y almacenado en estos laboratorios que luego serán sacrificados con el objetivo de obtener de ellos células-tronco que tienen la capacidad de transformarse en cualquier otra célula del cuerpo humano, que en teoría, no va a ser rechazada por la persona que la recibiría con fines terapéuticos.
Su utilidad se proyecta en una infinidad de enfermedades que en la actualidad son incurables para la medicina moderna. Esto pareciera ser bueno si recordamos otros sucesos en la historia, donde hubo mártires que dieron sus vidas por el avance de la medicina, como los esposos Curie. Sin embargo, la diferencia radica en que ellos la dieron voluntariamente. A los mártires de la clonacion nadie les ha preguntado si desean ser envasados y sacrificados.
No estamos en contra del avance cientifico, pero la historia nos ha demostrado, en muchas ocasiones, cómo las mentes corrompidas, han hecho de un gran descubrimiento una gran tragedia humana, al desviarse el verdadero objetivo de la ciencia que es dar toda la gloria a Dios y no al hombre. Cuidado, La nueva era ha empezado.