APORTE DE INMIGRANTES

´Esto no lo cura ni el médico chino´: Enrique Lau Cortés

´Esto no lo cura ni el médico chino´: Enrique Lau Cortés
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Cualquier persona que visite Panamá, encontrará una fuerte presencia cultural y de inmigrantes chinos con sus descendientes que, de acuerdo a las últimas estimaciones, representan el 6% de la población del país. Al inicio, para la construcción del ferrocarril transístmico, llegaron 705 cantoneses a bordo del barco Sea Witch. Algunos se deprimieron y suicidaron, otros migraron y un grupo significativo decidió echar raíces en Panamá.

De obreros no calificados, pasaron a pequeños comerciantes, a operar lavanderías y restaurantes. Luego, algunos más evolucionados incursionaron en el negocio al por mayor con éxito. Pero lo que podemos rescatar de esta inmigración es que muchos se mezclaban con la población local, y la mayoría de las familias invertía gran parte de sus ingresos para darle a sus hijos la mejor educación posible, esto les permitió conocer las dos culturas y tomar lo mejor de ambas.

A raíz del encuentro “Del Sur de China al Sur del Continente Americano”, que se dio en el marco de la Conmemoración de los 160 años de presencia China en Panamá, he revisado la contribución de los médicos descendientes de esos inmigrantes. Sin lugar a dudas, entre ellos destaca Ernesto Chu, cirujano general que estudió en Alemania y que al volver al país fundó una escuela de cirugía en el hospital Santo Tomás, que tiene como elemento relevante el haber realizado la primera hepatectomía (remoción quirúrgica del hígado). Chu cobró notoriedad por haber operado a dos expresidentes de la República, el general José Antonio Remón Cantera y el Dr. Arnulfo Arias Madrid. Este último, conocedor de la excelente formación profesional germánica del Dr. Chu, se puso en sus manos y experimentó una pronta recuperación.

En la hepatectomía citada asistió a Chu el joven y prometedor cirujano Kito Yong, hábil médico que por muchos años se ha dedicado a atender sus pacientes en el Hospital Oncológico Nacional, donde se aprecia su labor profesional.

También recuerdo a Julio César Wong, cirujano egresado del John Hopkins Hospital, quien después de un destacado y promisorio período de tiempo en Panamá decide radicarse en Estados Unidos por razones familiares.

En el campo de la ginecología y obstetricia, se destacó el Dr. Juan Felipe Wong, quien trajo al mundo a muchos panameños y, además, era conocido por su calidad como persona y destreza quirúrgica, que compartía con colegas más jóvenes.

El Dr. Rafael Yee, destacado oftalmólogo, desarrolló una excelsa carrera al servicio de la sociedad panameña, incorporando nuevas técnicas quirúrgicas en cirugías oculares, como también la aplicación del láser en el tratamiento de dichas enfermedades.

Cuando era niño, al sufrir una otitis, mi padre me llevó con Roberto Chu, excelente especialista en oído, nariz y garganta, y causó tanto impacto en mí, que me ayudó a descubrir mi vocación e influyó de forma positiva para que optara también por la medicina. Con él trabajaba el Dr. Manuel Mock, maestro de muchos otorrinolaringólogos del país, y pionero de algunas técnicas quirúrgicas novedosas de garganta que le dejó como legado a su hijo, quien practica la misma especialidad.

El Dr. Manuel Tang Luque, nacido a orillas del río Chagres, en Colón, de padre chino y madre panameña, después de regresar de China a los 19 años de edad, viaja a la ciudad de New York, donde se gradúa de odontólogo y es reconocido como el dentista que introdujo el uso de la porcelana en las coronas, en la década de 1950.

No quiero concluir esta reflexión sin mencionar al Dr. Enrique Chial, quien después de graduarse de médico en la Universidad de Panamá, viaja a Beijing, China, donde se entrena en acupuntura y medicina tradicional china.

Extensa sería la lista si pretendiera mencionar a todos aquellos hijos de inmigrantes chinos que hoy prestan servicios en nuestro país. Solo me resta por decir que, según los informes preliminares del Consejo Técnico de Salud del Minsa, ellos representan entre el 4% y el 5% de la cifra total de médicos en Panamá.

Esa evolución de pequeños emprendedores en tiendas de abarrotería y puestos en el mercado, a profesionales exitosos ha valido la pena. La sabiduría popular reconoce la calidad de los médicos descendientes de estos inmigrantes que ejercen su profesión con honestidad, transparencia, profesionalismo y profundo respeto al ser humano, al punto de que cuando alguien considera una enfermedad incurable expresa: “Esto no lo cura ni el médico chino”, con lo cual se rinde homenaje a la excelencia.

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