Los medios de comunicación tienen una responsabilidad más grande en la formación de la opinión pública y en la intención de voto, que lo que el ciudadano corriente supone.
El derecho a la libertad de expresión involucra recibir una información objetiva y oportuna. Es saludable que cada medio tenga una línea ideológica editorial, pero en lo posible, lo adecuado es que las noticias se redacten para apoyar al lector en el proceso cognitivo de elaboración de su verdad, esto quiere decir que el periodista no debe convencer, sino informar. Eso no evita que como resultado de esos procesos intelectuales particulares, se cree una conciencia colectiva.
Hay personas que se orientan a través de medios afines a su filiación ideológica y se sienten cómodos estando conscientemente o no desinformados, pues reciben la información que quieren escuchar y eso les tranquiliza, pues no se afectan sus dogmas. Otras por el contrario buscan la verdad, tratando de orientarse por diferentes vías para formarse una idea aproximada de la realidad. Tristemente un tercer grupo de ciudadanos no se interesan del por qué de los hechos presentes o pretéritos y menos de realizar proyecciones de lo que sucederá en el mundo que habitan. Se limitan literalmente a existir.
En tiempos de represión, organizaciones ciudadanas no oficialmente reconocidas tenían un gran poder de movilización y convocatoria. Era una época en la que se luchaba por un ideal. Se utilizaban medios de comunicación informales y en muchos casos oficialmente ilegales, además de la resistencia pacífica o la llamada desobediencia civil que consagró en tiempos modernos Gandhi y que luego se vio en los Estados Unidos y Sudáfrica en la lucha contra el apartheid, en Dinamarca contra la ocupación nazi, en Polonia con los sindicatos y en Chile contra la dictadura militar.
Señaló el director de La Voz de Galicia, en conferencia dictada el 5 de abril de 2005 en la Universidad Rey Juan Carlos I, que en el periodismo, a diferencia de la academia, el flujo de información se mueve en arcos temporales más cortos, que muchas veces no exceden de 24 horas, y que la información periodística no crea conocimiento científico, pero que sí ayuda a su difusión, equiparando el periodismo más a un arte que a una ciencia.
Nosotros consideramos que el periodismo sí genera conocimiento empírico, pues mediante el método inductivo que va de lo particular a lo general, se va formando una opinión en el individuo que luego es matizada por su moral individual, formándose así criterios que serán comunes a algunos de los de sus semejantes, creando corrientes de opinión.
La suma de conciencias así organizadas comienza a cuestionar a los medios y a exigir una noticia coherente con sus políticas editoriales. En ese sentido se ha avanzado mucho, al punto que cada vez más los medios de comunicación se esfuerzan e intentan darle realce a la legitimidad de su obrar a través de una imagen de real veracidad que garantice la confianza de la colectividad.
Nuestra democracia madura y cada vez más la sociedad toma más conciencia de su rol fiscalizador, mas no tiene acceso a muchas opciones para tomar acciones efectivas en contra de quienes desinforman. Las decisiones de no acceder a la noticia por determinados medios siguen siendo dispersas. Sigue imperando la costumbre de creer que todo lo que sale en la radio, la televisión, los diarios y especialmente en la internet "debe ser verdad".
Quizás cuando no teníamos la libertad, que aunque imperfecta ahora disfrutamos, la apreciábamos más. Teníamos un esbozo de lo que queríamos como nación. Ahora tenemos que enfrentar la existencia de un limbo existencialista en el cual día a día cada ciudadano aspira a vivir lo mejor posible sin grandes proyectos trascendentales para la convivencia en sociedad, sin utopías. No hay mejor caldo de cultivo que éste para los oportunistas.
¿Qué nos queda? Tratar de rescatar nuestras verdades, identidades, ideales y sueños que se encuentran adormilados por una narcosis consumista que momentáneamente nos llena, pero que no sirve para construir una nación. Queda también la tarea de fiscalizar a los detentadores del poder económico, algunos de los cuales pretenden manejarnos como factores de producción y enseñar a nuestros hijos que del país no solo se vive o se come, sino que también hay que darle, para que en una dinámica de redistribución solidaria todos podamos vivir mejor.
El periodista tiene un gran poder mediático, detenta la facultad "toffleriana" del poder del conocimiento, superior en muchos aspectos al poder militar y al económico, pero que también genera una gran responsabilidad.
