Mi hijo, quien actualmente cursa el 5to grado está aprendiendo en su clase de ciencias sociales sobre los periodos de la historia de Panamá.
Según el texto, la historia de Panamá se divide en cuatro grandes periodos. Todo va bien hasta que llegamos a la Era Republicana y tenemos un solo gran capítulo desde 1903 hasta la fecha y nos damos cuenta de una era ausente: La Dictadura.
Sigo revisando el material y sí, hay mención de hechos ocurridos entre 1968 y 1989, sin embargo, sobre el contexto histórico en los que estos ocurrieron solo se hace una breve referencia, como si fuese algo trivial. Es como si nuestra historia hubiese seguido desenvolviéndose sin mayor sobresalto, y no que tuvimos dos importantísimos puntos de inflexión con el golpe de estado de 1968 y la invasión.
Estos eventos marcaron un antes y después en nuestra vida como nación: Fueron 21 años de dictadura, de desaparecidos, torturas y demás violaciones a los derechos humanos.
Para tener escasos 118 años como república independiente, esos 21 años representan un periodo considerable y no es para que pase como un pie de página, casi desapercibido.
Nos encontramos en una época de nueva democracia, con todos los aciertos y desaciertos que esto ha representado. Los panameños hemos demostrado tener una memoria cortísima, tomando en cuenta que a solo cinco años de haber salido del régimen militar, escogimos nuevamente al brazo político de la dictadura para regir el destino de nuestro país. Reconozco que en esa administración en particular se dieron avances en función de libre mercado que sentaron las bases de la economía panameña como la conocemos hoy, cosa que aprecio, pero eso no era algo que podíamos predecir en ese entonces.
Las futuras generaciones de panameños merecen que nuestra historia sea revisada y contada de una manera fidedigna, con la rigurosidad académica y el respeto que merecen aquellas personas que fueron víctimas de la dictadura y la invasión. Sería negligente por parte de los autores de nuestros textos de historia, así como del Ministerio de Educación continuar aprobando textos que nos cuentan una versión edulcorada de nuestra historia, corriendo el riesgo de que nos convirtamos en una sociedad complaciente y laxa en la defensa de sus libertades.
Nosotros como sociedad tenemos el deber también de hablar sobre este episodio en nuestra historia y despertar el interés de los más jóvenes, que conozcan su historia, que indaguen y se apropien de la preservación de nuestra democracia, con todo y sus defectos.
Un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro ni libertad.
La autora es miembro de la Fundación Libertad
