Escuché de alguien muy cercano citar esta frase: “estamos tan acostumbrados a vivir en la mentira que resulta un escándalo decir la verdad”. Cuando la escuche sentí ganas de reírme a carcajadas; luego reflexioné y me dije es cierto.
Las relaciones humanas se basan en la confianza y cuando recurrimos a las mentiras, intensificamos el conflicto, en vez de solucionarlo. Por lo que se convierte en la peor estrategia utilizada para salir del problema.
Esta conducta que no forma parte de la ética moral, puede estar asociada con diversas causas patológicas, sociales, etc. La mentira pudiéramos entenderla como un mecanismo de reducción de la ansiedad o culpabilidad de algo de lo que no se sienten orgullosos. Resultando en una sobrevaluación de la realidad, que aparece demasiado dolorosa de apoyar y soportar. Cuando el mentir, el simular y el engañar lo convertimos en conceptos adaptados a la conducta de una forma apremiante e impulsiva y aparecen con regularidad, se termina deteriorando la credibilidad y confianza.
Es interesante saber que, según investigadores, las personas con un cierto nivel de educación son más propensas a practicar el engaño, al igual que los que más se preocupan por “el qué dirán”. La mayor parte de las mentiras son interesadas: la fabulación se constituye en una estrategia de defensa ante una situación delicada, un problema o la posible desaprobación. El mentiroso alberga casi siempre miedo, fundado o no, a que la verdad se sepa, la cual encierra miedo a ser menos que los demás o a no conseguir un objetivo. Por lo que les pido reflexionen si en verdad ¿existirá algún problema en la actual sociedad? o simplemente ¿somos una mentira, un simulo o un engaño como sociedad?
Estarán de acuerdo conmigo, estimados amigos, en que la mentira es uno de los peores defectos del ser humano, sobre todo, la mentira dicha con el único afán de obtener un beneficio individual en perjuicio del resto de las personas. Hay una máxima que dice: “La mentira dura mientras la verdad llega”, lo que significa que la mentira no es infalible y no puede ocupar el lugar de la verdad, pues mientras esta es brillante y llena de luz, aquella es opaca y tenebrosa.