Nunca pensé que algún día me iba a encontrar con una mala calidad del agua potable en Panamá. Muchas veces dejamos por sentado tantas cosas, y entra ellas, que nuestra agua iba a ser limpia, insípida, inolora e incolora siempre. Es como pensar que los ríos a los que íbamos a bañarnos una tarde de verano estarían ahí por siempre con sus aguas cristalinas, peces y plantas. Nos sentíamos orgullosos de tener “la mejor agua del mundo”. Es más, tener agua las 24 horas del día era normal. Pero no, nada de esto es normal ahora.
En las últimas semanas, he sentido esta dura realidad que sale de los grifos en nuestras casas. El agua tiene un fuerte olor que algunos han descrito como si fuera de alcantarillas o cañerías. Otros sienten hasta un olor a azufre. Pero, ¿qué dice el Instituto de Acueductos y Alcantarillados Nacionales (Idaan) al respecto? El mal olor se debe a la “descomposición de materia orgánica en el lecho del lago (Alajuela)” (La Estrella de Panamá, 22 de enero de 2020). Para reducir el mal olor, utilizarían carbón activado para que absorba los gases del agua que entra en la planta de tratamiento de la Potabilizadora de Chilibre. Igualmente, el Idaan ha reiterado a la comunidad capitalina que el agua que producen en Chilibre es apta para el consumo humano. Debo recalcar que las explicaciones dadas por el Idaan buscan traer la calma a los consumidores ya que aseguraron que este mal olor iba a disminuir “en horas”. Sin embargo, han pasado varios días y el problema persiste.
A pesar de todas estas explicaciones, y supuestas soluciones, los consumidores capitalinos nos sentimos amenazados por este cambio en el agua que consumimos. En los 30 años que tengo de vivir en esta ciudad, nunca había escuchado, por parte del Idaan, que la descomposición de materiales en el lago Alajuela es algo “recurrente” en esta temporada seca. No dudo de tal aseveración, pero nunca antes se había percibido así. Entonces, ¿qué alternativa hay? Para los más precavidos, comprar agua embotellada. Pero para aquellos que no tienen esa opción, seguir consumiendo el agua que nos mandan de la Potabilizadora de Chilibre. Y rogar que nada pase.
Tenemos que pensar en qué podemos fallar si no cuidamos nuestra salud por no consumir agua verdaderamente limpia. Trato de pensar positivamente y creer que el agua que consumimos no va a pasarnos factura. Quiero pensar que, con tantas malas noticias de virus, contagios y cuarentenas, no vayamos a tener un problema de salud pública de grandes proporciones por no tener agua de calidad para protegernos. También creo que el agua potable y el lavado de manos no es la única forma de evitar que nos contagiemos, pero por lo menos debemos de tener lo más básico. Mientras tanto, los capitalinos estamos con miedo al agua.
El autor es docente universitaria