Tal como lo esbozó en su campaña, debe trabajar con los mejores, independientemente de dónde provengan, y además tiene hasta la última semana de agosto para integrar su Gabinete. El Presidente electo debe recodar que muchos de sus predecesores han cometido el gravísimo error de nombrar en los puestos clave del gobierno a amigos y copartidarios sin ninguna experiencia y sin una sólida formación profesional. Está de más decir cuáles han sido los resultados, por lo tanto como dice el adagio popular "ojo al cristo que es de plata", para que no se equivoque, ya que la expectativa por un país diferente está en su máximo nivel y no puede ni debe defraudar a quienes le dieron el voto.
Con respecto a los futuros ministros y directores, debe reunirlos para decirles claramente cuáles serán las reglas del juego; el Presidente no tiene que resolver los problemas que atañen a cada entidad, y si por desidia o mala administración de los mandos medios a cargo de cada ministro se forma un "tamborito", como decimos en buen panameño, que sean ellos quienes tengan que pagar el precio de su ineptitud. Sería muy bien visto que fueran cesados del cargo de inmediato y públicamente; con esta manera muy peculiar de gobernar, estoy seguro de que cada funcionario estará pendiente día a día de sus funciones, y estaremos iniciando la ruptura de la famosas cadenas burocráticas que son el cáncer del engranaje gubernamental.
Es importante identificar los quinta columnas que hay dentro de todos los gobiernos, aquellos que tienden a petardearse mutuamente con el fin de que el trabajo de uno no sobresalga por encima del otro y sin ningún espíritu de trabajo en equipo, lo que deteriora la imagen del gobierno y a la figura del Presidente de la República. Recomiendo sacarlos de circulación.
Algunos lectores de este artículo pensarán que mis sugerencias son un tanto radicales, pero lo que quiero resaltar es que hay que eliminar los elementos que perjudican a la Patria Nueva, con el fin de actuar correctamente desde la primera vez.
El pueblo panameño no debe salir lesionado por las decisiones apresuradas que haga el licenciado Torrijos -en lo referente a la selección del Gabinete- solo para complacer a unos cuantos; él debe tomar todas la medidas necesarias para que al final de su gobierno sea la mayoría la que se sienta satisfecha.
Una buena política sería mantener una red eficaz y constante de cazar noticias nocivas al gobierno, las cuales salen todos los días en los medios de comunicación social, y que haya una oficina donde todo lo malo y lo feo se filtre a cada ente responsable para que éste dé la solución inmediata, o por lo menos se le ponga fecha cierta a la solución de los problemas. Sería ideal que se mantuviera una página de internet o una línea caliente donde los ciudadanos puedan enviar mensajes al presidente, y una publicación periódica en la que se demostrara con hechos que el gobierno de la Patria Nueva sí puede cumplir con los panameños.
Siempre hay detractores y defensores de una corriente o de una persona, en este caso del licenciado Torrijos, pero solo quiero orientar a la ciudadanía, ya que para poder exigir soluciones al gobierno también se debe colaborar. Debemos organizarnos de una manera inteligente y planificada para que las cosas lleguen donde tengan que llegar y a quien tienen que llegar; la mejor forma es trabajar con los gobiernos locales -con copia a los ministros y directores y una copia al Presidente-, y darle un tiempo definido para encontrar la solución.
Quiero repetir que el que no funciona debe ser despedido; y si después de todas las recomendaciones simples que he plasmado en este pequeño artículo nos dejamos sorprender, entonces vale la pena repetir una de las célebres frases del general Torrijos: "Díganme lo malo que lo bueno ya lo sé". En otras palabras, el pueblo panameño tiene en sus manos el método para que los ministros y directores cumplan las obligaciones que tienen para con el pueblo, que es el que les paga sus salarios; y usted, señor Presidente, decide si va a permitir que lo acompañen buenos o malos funcionarios. Por lo tanto, tómese su tiempo y designe un Gabinete que sea la envidia de todos los detractores que vaticinan su fracaso, sin siquiera haber iniciado el mandato.
