Comunicación

Mis presentimientos agridulces ante la crisis sanitaria del Covid-19

La caída del inmenso mapa mientras el presidente hablaba, revalida un presentimiento. Una serie de tropiezos que sacuden la comunicación sin reparar en heroicidad alguna parecen demasiado seriales. Sobrevuelan sobre unos menos diestros en rodearse de ese halo de sapiencia que entregan inescrutables gráficas y coeficientes de regresión, como si en política existiera mayor verdad que el quítate tú, pa´ ponerme yo.

Este obseso en ser útil arriesga quedar expulsado de aquel “campo feliz de la unión” cuando implementa el “díganme lo malo…”. Puede ser, sea mi envidia por el poder quien motive cuatro presentimientos tan agridulces como alérgicos al empalago de la leche condensada.

Primer presentimiento: El culebreo evanescente de la política suele confundir a científicos causa-efecto cuando afirmaciones contrapuestas, ambas puedan ser ciertas según el cristal con que usted mire. Comparto el afán de doctores Saéz Llorens y el amigo Enrique Lau en mantener alta la moral del equipo. No así, su advertencia “nada de críticas”.

Esta censura ilógica parece sugerida no sé por qué organismo o asesor internacional trasnochado. Resulta incoherente exigir solidaridad a un “pueblo noble”, si antes no diseñamos nuestra comunicación para una sociedad insolidaria y desconfiada, a la que intentamos un poco persuadir, y bastante asustar, de permanecer en casa.

Para un escuchado comunicador radial mañanero, Cortizo maneja con naturalidad el desastre del mapa. Para otro, significó apenas una más de la suerte de novatadas con que se manejó la conferencia de prensa.

Segundo presentimiento: El Presidente insiste en aquel “tenemos un gran equipo”. Nito ni Turner merecen una retaguardia, aunque bien fondeada, que desoye los principios de la comunicación masiva. Este obseso presiente que, las competencias en seleccionar información exacta para volcarla en la toma de decisión, así como la propia firmeza psicológica de la dupla Cortizo-Turner, terminan devaluadas por errores estratégicos.

Cada tarde nos reponen unas frondosas conferencias que transpiran la dominancia de un modelo médico científico. Puede que informen a quien la investigación enseñó a escuchar corazonadas. Pero todavía, cortas de la magia persuasiva de la difícil simplicidad televisiva, llaman al bostezo del público masivo.

Tercer presentimiento: El libreto único que debiera dirigir el discurso del equipo zigzaguea más amenazante que navaja en manos de barbero alcoholito.

Importo del género salsa la versión Pedro Navaja, cuya visión se repite cual coro en el discurso de los voceros. Imagina la forma de ser panameña “con el tumba´o que tienen los guapos”. Esta, tasajea a la ciudadanía como aquella “mal portada” que merece las sanciones restrictivas de una mujer justiciera. Mientras, la vocería aplica el filo que los eleva y escinde como los buenos y responsables que “estamos haciendo nuestro papel, (mientras) ustedes, la ciudadanía, no”.

En no pocas intervenciones, el líder presidente incluye patrióticas citas de la otra visión propuesta en la letra del santeño Nicanor Villalaz, nación que alcanzará la victoria en una unión simbolizada en la fortaleza de un mazo de lápices.

Cuarto: Presenciamos la colisión entre dos propuestas de sociedad. Una tradicional y dominante, pueblo “mal portado” donde solo brilla aquel diente de oro. Ante el fracaso de conseguir que el 0.001% diario permanezca en casa, concentra su discurso en la amenaza de hacernos escorar en una insalubre Casa de Justicia de Paz, o aplicarnos multas exorbitantes.

Otra, una subalterna, pero que parece ganar terreno. Enfoca a un brillante equipo que, cuando la crisis obliga al salto de un sistema de enfermedad, al de salud preventiva, mantiene al 99.999% en casa.

Nito me estremeció cuando admite al periodista Fernando Correa la necesidad de enrumbar hacia un modelo solidario y menos desigual. Uno que, en vez de cuerear a Pedro, optaría por educarlo en higiene y civismo.

Aquella versión del todo bien bloqueó a los mandatarios anteriores presentir lo que les preparaba este pueblo entre héroe y maleante. Nunca esperaron abucheos que, cual cartografía premonitoria, les cayeran encima.

El autor es investigador y formador político

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