Dos años después, los muchachos vuelven a la escuela y, como es tradición, muchos planteles siguen en condiciones pésimas y peligrosas, a pesar de que el Meduca ha tenido tiempo suficiente para estar al día con algo tan vital para el proceso enseñanza-aprendizaje: un aula en condiciones para hacerlo.
Cada uno de los estudiantes de este país es un motivo para la alegría. En medio de todas estas crisis y guerras, cada muchacho que se forma en las aulas tiene que ser un atisbo de esperanza, un motivo para creer que todavía hay tiempo para nuestro país, pero, esta palabrería romanticona y vacía, sólo se sustancia si, como sociedad, cumplimos con esos estudiantes, procurándoles lo que necesitan para seguir formándose.
Este retraso en el retorno a clases va a salir caro a esta generación, que espero, sea capaz de remontar la prolongada ausencia de las aulas. Ha sido un grave error no haber vuelto a clases antes, como hicieron la mayoría de estudiantes alrededor del mundo, pero, “así es mi país”, así como quieren los entusiastas de la ignorancia.
Una de mis profesoras decía, modificando con inteligentísima creatividad el refranero, que “en guerra avisada mueren soldados, pero pocos”, y tenía razón con nosotros: por mucho que nos decía “viene un examen”, nosotros lo cogíamos suave, y siempre había un reguero de soldados avisados sufriendo la advertida artillería. Pasa igual con estos últimos gobiernos: “pelen ojo, el nivel educativo es subterráneo”, les advierten, pero nadie hace caso: cuando aparezca la generación de corruptos ignorantes, nos acordaremos de estos años sin clases.
Confío en que habrá motivos para la alegría. Toca trabajar duro para que así sea, para que nuestros alumnos no se dejen ahogar por el desánimo ni las circunstancias adversas.
No habrá futuro sin educación, no habrá Panamá el día de mañana si renunciamos a una educación de calidad. Cuando esta verdad la comprenda algún gobierno, cambiará por completo la historia de este país.
El autor es escritor

