¿Cuántas veces hemos escuchado que Panamá tiene una posición geográfica privilegiada? “La Cintura de América”; “El Paso entre los Mares”. La posición geográfica del país ha sido determinante en su historia. Ya en tiempos de Carlos V, era considerada única.
Condiciona nuestra separación de Colombia y el nacimiento de la República de Panamá. Los tratados Mallarino-Bidlack (1846), Clayton-Bulwer (1850), Hay-Pauncefote (1901), Herrán-Hay (rechazado por el Senado Colombiano el 12 de agosto de 1903) y Hay-Bunau Varilla (18 de noviembre de 1903) son prueba de ello. La pregunta obligada es: ¿Cómo administrar nuestra posición geográfica para lograr prosperidad y desarrollo?
Tim Marshall, en su libro “Prisoners of Geography: Ten Maps That Tell You Everything You Need To Know About Global Politics” (Prisioneros de la geografía: diez mapas que le dicen todo lo que necesita saber sobre la política global), asegura que América Latina se distingue por grandes diferencias socioeconómicas y culturales entre costas y montañas. Quito versus Guayaquil; La Paz versus Santa Cruz de la Sierra. Considera que los países centroamericanos no aprovechan su posición geográfica, salvo Panamá, con el corredor norte-sur, Atlántico-Pacífico.
El desarrollo integral del territorio nacional es una tarea pendiente. La economía de enclave, desde su nacimiento como Estado soberano, y el corredor logístico condicionan su desarrollo económico, social y político. Abundan bolsones de desigualdad y marginación, consecuencia, en muchos casos, de la falta de acceso a servicios públicos de calidad. No es casual que los más pobres habiten en áreas alejadas de la metrópoli.
A raíz de la devolución del Canal a Panamá, se acentúa la desigualdad, entre otras causas, debido a la creciente importancia del corredor Atlántico-Pacífico y del retorno a manos panameñas de las áreas aledañas a la vía, con su valiosa infraestructura. La pregunta a hacerse es, ¿cómo incidiría en el desarrollo del país, tener un régimen similar al que rige al Canal de Panamá, en las 137 mil hectáreas de agua y tierra y más de 3 mil edificaciones e infraestructura que recibiera Panamá de los EEUU de 1979 a 1999? ¿Qué pasaría si se tratara de un régimen administrativo con un enfoque técnico, basado en la meritocracia, la rendición de cuentas y la transparencia? ¿Cuáles serían los réditos sobre estos activos para el país?
Es un reto romper con el modelo de desarrollo norte-sur, e integrar al corredor Atlántico- Pacífico, como catalizador del crecimiento este-oeste, que tome ventaja de las dimensiones de los litorales Atlántico y Pacífico. Es un desafío menor, comparativamente, al de los países vecinos.
El estudio “Cambiando esclusas: Un diagnóstico del crecimiento de Panamá”, del Center for International Development at Harvard University (2017), elaborado por Ricardo Hausemann, Luis Espinosa y Miguel A. Santos, identifica dos señales de alarma con relación al modelo de desarrollo: la desaceleración económica desde 2012, que pareciera un signo de fatiga, de la industria de la construcción, pilar bandera del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), y la desigualdad en el ingreso.
El estudio sostiene que “promover actividades más complejas en las provincias ayudará a desconcentrar el crecimiento y a hacerlo más inclusivo”. Urge atender la calidad y los altos costos asociados a la logística interna, a fin de aprovechar el centro multimodal de transporte y carga para los sectores primario y secundario de la economía. La conectividad aérea, digital, marítima y terrestre debe ser utilizada como motor del desarrollo de un país que no excede los 76 mil kilómetros cuadrados.
Es menester equilibrar los pilares de desarrollo. La creación de centros regionales de competitividad y sostenibilidad pueden coadyuvar a este objetivo, desde una visión integradora. Son indispensables políticas públicas que prioricen la equiparación de oportunidades y el acceso a servicios públicos de calidad para toda la población. El efecto redistributivo de las tasas e impuestos y la inversión eficaz de los réditos del Canal pueden implicar saltos cuánticos en oportunidades de desarrollo más equitativas en el territorio nacional.
El lugar donde se nace no debe determinar el destino de cientos de miles. Promovamos el desarrollo integral de Panamá, aprovechando nuestra geografía para superar, de una vez por todas, los retos de la desigualdad.
La autora es abogada
