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Masacre de El Terrón

Nada humano me es ajeno

Si no fortalecemos nuestra humanidad, no podremos ser verdaderos cristianos. Dios, nuestro Dios, para decirnos que nos ama, que nos ofrece la salvación, se hizo ser humano en la persona de Jesús de Nazaret.

Hemos sido testigos del despliegue periodístico (algo amarillista) que se ha dado a un acontecimiento doloroso: los asesinatos –supuestamente religiosos– en la comunidad de Alto Terrón, región Ñö Kribo, de la comarca Ngäbe-Bugle.

Han sido siete asesinatos que nos han horrorizado y a los que no encontramos explicación y, de ninguna manera, justificación.

Compartimos algunas reflexiones:

1) Este hecho ha sido la oportunidad para que algunos critiquen “la ignorancia de los indios”, lo “absurdo de las comarcas”, la pobreza de esa gente, la lejanía de las comunidades, etc. Más de uno se ha “reafirmado” en la “brutalidad del indio”. Todo esto es doloroso, vergonzoso y nada cristiano.

2) Exorcismo, diablo, posesión diabólica. Supuestamente dijeron: “Los matamos porque Jehová quería”.

Que quede bien claro: Cada vez que Jesús se enfrentó al mal, éste fue derrotado. Los católicos no tenemos nada que hacer hablando del diablo ni de posesiones ni de exorcismos. Tenemos que hablar de Jesucristo y de cómo seguirlo. Esa es nuestra misión.

3) Una cosa es libertad de culto y otra destrucción de culturas. El ngäbe y el buglé son gente pacífica.

El fanatismo no es parte de sus culturas. Las religiones están para hacernos más humanos, más solidarios, más felices, si no, no deben existir, no sólo no darles permiso para predicar, sean cristianos, católicos o de cualquier secta. ¿Quién regula esto?

4) ¿Qué Dios predicamos? ¿Tenemos claro que el Dios de Jesucristo es un Dios que nos ama incondicionalmente? ¿O bien, predicamos un dios colérico, castigador, celoso, que nos manda al infierno?

5) ¿Por qué existen comunidades con más de un 90% de pobreza? ¿Esos no son asesinatos a largo plazo? ¿Qué han hecho –o dejado de hacer– los gobiernos, para llegar a la situación actual?

6) Las culturas indígenas tienen valores milenarios que pueden ayudar en esta y en otras situaciones.

No se necesita a los psiquiatras ni a psicólogos occidentales para ir a darles “luz” a esos “pobres ignorantes”. La solidaridad, la sabiduría sobre medicina tradicional, la escucha a los ancianos, el respeto y manejo sostenible de la naturaleza, la importancia de la familia, son valores que ya están en los pueblos indígenas. Sólo hay que volver la vista a ellos.

Ngöbö-Chube, nuestro Dios Padre y Madre, nos dará la fuerza para seguir a Jesús responsablemente y superar este momento de oscuridad.

El autor es sacerdote jesuita


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