Reconocimiento

Ni xenofobia, ni incapacidad histórica

En casi 117 años de vida republicana la profesión de historiador no es reconocida oficialmente en Panamá. Solamente a nivel docente. Lo más probable es que muchos se sorprenderán, pero es cierto, no existimos en el manual de cargos del Estado panameño “El historiador”. Esto significa que miles de nacionales egresados como profesionales de Historia de las universidades, nacionales y extranjeras, deben limitarse a ofrecer sus servicios como profesores en colegios y escuelas con una licenciatura y título de profesor de segunda enseñanza. Y en las universidades, además, con maestría en historia y un postgrado en docencia superior como mínimo.

¿Es poco apreciado el historiador en Panamá? ¿Desconocemos su valor o cualificaciones? ¿O simplemente no contamos con una política de Estado fundamentada en el impulso a la cultura y preservación del patrimonio material e inmaterial?

Lo anterior parecería confirmar lo señalado por Dr. Alfredo Castillero Calvo, conocido historiador panameño cuyas investigaciones trascienden con amplitud el reconocimiento local para ubicarse en la escena históricográfica internacional, cuando afirmó en discurso fundacional del Colegio de Historiadores de Panamá el 30 de noviembre de 1996 que: “De todo ello se desprende también, la propia percepción que se tiene del oficio del historiador, al que se mira como un quehacer menor que tarea de anticuario pueblerino o de narrador nostálgico de hechos edificantes”.

A pesar del tiempo de la cita, esta sentencia es casi inamovible, al grado de la incomprensión de algunos sectores una iniciativa de Ley que busca el reconocimiento de la profesión de historiador en Panamá y por ende su lugar oficializado y respetado. Adicional a los descalificativos e insultos, hasta de mediocres. Lo más grave es la falsa afirmación que el proyecto está cargado de xenofobia y que solamente se daría idoneidad o reconocimiento a los egresados de las universidades panameñas. Cuando la mayoría, para no hablar que la totalidad, de los profesores de Historia de las universidades del país han egresado de las mejores universidades de Europa, Estados Unidos y Latinoamérica.

Además, de proponer la incorporación del Historiador en el manual de cargos del Estado, se designa el Día del Historiador el 12 de agosto de cada año, fecha del natalicio del Dr. Ricarte Soler. E igualmente, se creará la medalla y el Premio Nacional de Historia “Dr. Carlos Manuel Gasteazoro”, para la mejor investigación.

En los últimos treinta años han egresado casi 2500 historiadores en la Universidad de Panamá, adicional de los graduados en la Universidad Autónoma de Chiriquí y el extranjero. Recurso humano vital en la preservación y acrecentamiento de nuestro Patrimonio histórico material e inmaterial. El fortalecimiento de la historia institucional y democrática. La cultura y sitios de la memoria que bien pueden convertirse en fuente de ingresos por el turismo interno y externo. Cada historiador profesional de esos 2500, podría volcar su caudal de conocimiento en proyectos que van más allá de la enseñanza de docencia media, participar de investigaciones y gestiones culturales en diferentes ámbitos, salvaguardando la memoria histórica de la nación para las presentes y futuras generaciones.

Impedirle al Historiador profesional panameño esa oportunidad es sesgar la posibilidad de enriquecer nuestro acervo cultural y desmejorar el potencial que a futuro puede obtenerse en la consolidación de una identidad histórica, con sus luces y sus sombras. La propuesta de regular la labor del historiador no es ni xenofóbica, ni mediocre y mucho menos busca la incapacidad, muy contrariamente es una propuesta de reconocimiento justo a aquellos soñadores que están al servicio de preservar nuestro pasado en búsqueda de un mejor Panamá.

El autor es profesor del Departamento de Historia de la Universidad de Panamá

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