¿Cuánto sale por mes un niño flamenco? Cien euros ¿Y un niño valón? Cincuenta euros. No es ningún chiste nacionalista de mal gusto. Es el nuevo acuerdo de gobierno flamenco aprobado que permitirá que la comunidad más rica de Bélgica, Flandes, conceda más dinero a los padres flamencos menos favorecidos como prestación por sus hijos de lo que reciben actualmente sus homólogos de cultura y lengua francesa que viven en la comunidad francófona de Valonia.
Aunque podría parecer un cuadro surrealista, la situación de separatismo virtual entre las dos principales comunidades belgas, Flandes (cerca de seis millones) y Valonia (unos cinco millones) cada vez roza más el abismo de la realidad.
La crisis económica que golpea con dureza al país ha propiciado que la parte más rica comience a preparar el futuro “corte de amarras federales” que todavía la ligan a la parte francófona más pobre, y eso incluye la seguridad social federal.
Con una previsión de déficit de la seguridad social federal de 2 mil 450 millones de euros (3 mil 453 millones de dólares) para 2009, la tarta belga comienza a arrugarse en el horno. Y la aprobación del gabinete de gobierno flamenco, con miras mucho más “autonomistas”, no favorecerá precisamente la concertación amistosa.
“El norte pone en marcha el motor autonomista”, aseguraba el titular del periódico francófono Le Soir, mientras que el flamenco De Standaard comentaba: “Los francófonos, irritados contra la nueva seguridad social flamenca”.
Significativa es, en ese sentido, la caricatura que publicaba Le Soir. En dos recuadros separados se muestran diversas escenas de la vida cotidiana, bajo los epígrafes: “Si usted habla flamenco” o “si usted habla francés”.
En el recuadro “si usted habla flamenco” se aprecia un bebé regordete jugando a la “Playstation” con tres biberones a su lado. En el recuadro “si usted habla francés” se ve a una niña esquelética, que juega con una muñeca de trapo rota mientras chupa los restos de un hueso.
Aunque la iniciativa de Flandes no es contraria a la Constitución federal, sí supone un ataque frontal al espíritu de concordia entre las dos principales comunidades belgas.
El promotor de esta “minirrevolución”, ha sido el primer ministro flamenco, Kris Peeters, del cristiano-demócrata CD-V, quien puso definitivamente en marcha esta semana una bomba de relojería sobre los ya debilitados cimientos federales belgas.