EFECTO

No dejemos que Dunning-Kruger nos vuele la cabeza

Un día, las noticias pasaron un video en el que una mujer, jugando a la bailarina, se lanza sobre su pareja y, por error, cae al piso y se dobla el cuello. La hazaña no pasó a más, pero ojalá prevenga que, en el mundo de las redes sociales, a alguien más se le ocurra pasar de acróbata sin entrenamiento ni protección solo para ganar popularidad.

Malcolm Gladwell, en su libro Outliers, populariza la “regla de las 10,000 horas de práctica deliberada”. Al respecto, explica que Michael Jordan llegó a ser un gran basquetbolista practicando a las 5 de la mañana todos los días antes de ir al colegio. Del mismo modo, todas las ramas del conocimiento demandan miles de horas de estudio y trabajo constante para alcanzar el éxito profesional.

Panamá cuenta con más de mil becarios entrenados en el exterior con investigadores de prestigio, en especialidades necesarias como ciberseguridad, farmacología, geotecnia, hidrociencias, virología, inmunología o genómica. Gracias a entidades como Senacyt, Indicasat, el Instituto Conmemorativo Gorgas y la Ciudad del Saber, muchos de ellos han regresado a continuar su actividad científica aquí. Otros, sin embargo, reciben ofertas más atractivas afuera y los perdemos. Panamá debe hacer su mejor esfuerzo para reinsertar y conservar este talento, no solo para mejorar nuestra capacidad de desarrollo, sino además para prevenir riesgos mayores.

La pareja antes mencionada inicia su camino al desastre con un exceso de confianza en su capacidad para calcular el riesgo de hacer una voltereta en el patio de su casa. Este peligroso sentido de sobre confianza se denomina el efecto Dunning-Kruger, que constituye “un sesgo cognitivo en el que las personas con poca capacidad en una tarea sobreestiman su capacidad. Está relacionado con el sesgo cognitivo de la superioridad ilusoria y proviene de la incapacidad de las personas para reconocer su falta de capacidad”.

En tiempos de pandemia –y más allá-, no podemos permitir que el efecto Dunning-Kruger se nos suba a la cabeza, ni darnos el lujo de no prestar atención a cientos de especialistas que han pasado por las 10,000 horas de entrenamiento en sus respectivas ramas del conocimiento. No sea que nos rompamos el cuello y, aunque contemos con excelentes especialistas en ortopedia, no encontremos cama para atendernos.

La autora es EducationUSA Adviser en Ciudad del Saber y miembro fundador del movimiento Ciencia en Panamá

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