Como al conjuro de un extraño dictado, perdió la vida el vigésimo noveno presidente de Panamá, José Antonio Remón Cantera, el domingo 2 de enero de 1955, víctima de un asesinato. Cuarenta y seis años de edad tenía y escasamente dos años y dos meses de haber subido al solio presidencial; sin embargo, encontrándose en pleno ejercicio del poder falleció, víctima de la intriga. Hoy, con ocasión de cumplirse el sexagésimo quinto aniversario de su eliminación física, conmemoramos la memoria de quien -en tan corto periodo de Gobierno- se distinguió por haber sabido comprender las necesidades y exigencias patrias de la época y encontrarle soluciones a los problemas que le eran únicos a ese momento, tanto en la esfera nacional como en la internacional.
Serias reflexiones de quien sufre la llaga de ver a su país no solamente oprimido sino explotado lo impelen a despertar en el panameño consciencia de lo privilegiado de nuestra territorialidad geográfica y nuestro indefectible derecho a beneficiarnos de ella. He ahí la raíz de la memorable frase de Remón: “Ni millones, ni limosnas … Queremos justicia”. Sencilla frase que dista de ser un superficial eslogan de bandería partidista; más bien es un principio rector destinado a despertar en un pueblo fuerte pero falto de experiencia política, el hecho de que se encuentra arrollado en la órbita de un mal interpretado Pro Mundi Beneficio.
En cuanto su gobierno logró cita con el coloso del norte para renegociar el tratado de 1903, ése que ningún panameño firmó, Remón hizo su famoso llamamiento a los panameños todos. Partidarios, opositores, ricos, pobres, críticos, analistas. A todos amalgamará en una cita con la patria, porque una respetable manifestación populosa será el mejor exponente del unísono sentir del panameño como pueblo patriota.
Su principio rector caló hondo. Ha prendido la chispa como si hubiera ido a caer en un polvorín. Todo Panamá entró en un frenesí de agitación. Y el 27 de agosto de 1953 –como manifestación del más firme nacionalismo experimentado por el país hasta el momento- a la cita que Remón convocó con la patria acudió el pueblo en masa, como un solo hombre. Y en la Plaza Cinco de Mayo hicieron acto de presencia todos los expresidentes vivos (a excepción del dotor Arnulfo Arias Madrid), los líderes de los partidos políticos afectos y no afectos a Remón, altos prelados de la iglesia católica, estudiantes, educadores, personas de escasos recursos … En fin, una considerable multitud de más de cien mil personas … y las calles aledañas se vieron invadidas.
El presidente José Antonio Remón Cantera nunca firmó el pliego de trece artículos y un memorándum de mutuo entendimiento y cooperación que la embajada norteamericana le remitió a mediados de noviembre de 1954 para su firma. A su juicio, y aquí cito sus propias palabras: “En el curso de un año que llevamos de tenaces exploraciones y negociaciones algo se va adelantando, pero aún nos falta mucho por hacer […] Hay cláusulas que aclarar y/o defender; terminología por especificar”. Cualquier término confuso sólo se prestaría a futuras conflictivas interpretaciones. Renegociaría. Y Chichi decidió no firmar.
Veinticinco días después del magnicidio, Estados Unidos y Panamá firmaron lo que hoy se conoce como el Tratado del Canal Remón-Eisenhower, mediante el cual, entre otros puntos, se aumenta la anualidad del Canal de $430 mil a $1.9 millones. Lleva su nombre en reconocimiento a su lucha sin fin en la mesa de negociaciones a favor de nuestro país. No. La memoria de José Antonio Remón Cantera no morirá del todo. A la larga, la fuerza innata de una obra lograda no se deja desvirtuar ni ocultar. Puede ser olvidada por el momento, puede ser prohibida y enterrada, pero lo perdurable siempre termina por triunfar sobre lo efímero. La sola concurrencia de Remón a la mesa de negociaciones con el presidente de la primera potencia del mundo, general de brigada Dwight David Eisenhower, a solas, frente a frente en un plano de paridad, es ya todo un acontecimiento. Es pieza histórica, suficiente para llamarla éxito. Ike y Chichi, los mandatarios de Estados Unidos y Panamá -ambos en ejercicio del poder en ese encuentro-, dialogaron abiertamente en un intento por superar décadas de tensiones y hostilidades entre los dos países y la apertura de un nuevo futuro. Trascendental negociación precursora de la definitiva anulación del tratado de 1903.
Con el correr de los años, la persona de José Antonio Remón Cantera cobró relevancia hasta hacerse evidente que la historia patria lo ha de considerar como una de las significativas figuras en la configuración de nuestra joven república. Sería un infortunio que hechos tan trascendentales las nuevas generaciones ni siquiera oigan mencionar.
¡Todas estas cosas son epopeya en nuestra historia patria!
La autora es escritora panameña radicada en Estados Unidos y autora de una biografía del expresidente Remón Cantera