Para los sociólogos, la cultura machista está asociada al femicidio, trágico desenlace de un proceso de violencia generado desde la infancia. En Panamá, se han registrado más de 100 femicidios durante los últimos 5 años. Las medidas correctivas no devuelven vidas; el problema debe atacarse de raíz.
Según Wikipedia, el machismo es “el conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias que promueven la negación de la mujer como sujeto. Algunas variantes del machismo son: la familia y su estructura patriarcal; en lo económico: subestimación del trabajo femenino; en lo lingüístico: no representación de la mujer en el lenguaje; en lo histórico, ocultación de mujeres importantes dentro de la historia y en lo académico: subestimar los estudios de género”.
Los términos “feminazi y la ideología de género” demonizan al feminismo y la igualdad de género, que implica que hombres y mujeres deben recibir el mismo respeto, derechos y deberes.
Un estudio sobre la prevención de la violencia de pareja entre adolescentes en México, concluye en “la importancia de trabajar en la detección, prevención y tratamiento desde las escuelas”. Identifica elementos claves en la educación sexual, reconociendo relaciones desiguales y conductas posesivas, desmitificando la diversidad sexual y buscando la atención de salud.
La antropóloga argentina Rita Segato, como resultado de su investigación en la Penitenciaría de Brasilia, indica que la ideología del macho es aquello que hace pensar al hombre que, si él no puede demostrar su virilidad, no es persona. “La violencia contra las mujeres, es un problema de toda la sociedad y hay que combatirla con un diálogo abierto, revisar lo cotidiano.”
¿En qué ciudadanos se convertirán los niños maltratados, que no deben llorar, ni jugar con muñecas, porque son varones?
En el siglo XXI aún hay quienes piensan que la función de la mujer es quedarse en casa y la del hombre, mantenerla económicamente. En una entrevista laboral es a la mujer a quien preguntan: ¿quién cuida de sus hijos? Se espera que la mujer les dedique más tiempo que el padre, cuando ambos roles podrían compartirse.
¿Qué empoderamiento estamos cultivando en niñas y respeto en niños, cuando el sistema educativo ignora el papel de la mujer en la historia, en los libros de texto y en la ciencia?
Somos en parte el resultado de un adoctrinamiento machista a lo largo de la historia. Desde hace un siglo la mujer ha logrado el derecho al voto, a la propiedad y a la patria potestad, como resultados de luchas de “minorías”. Si estos derechos hubieran sido sometidos a referéndum, aun estaríamos peleando por ellos, porque “la mayoría” siempre estuvo en contra de estos derechos.
Como sociedad podemos revertir estos patrones negativos trabajando desde las escuelas; el proyecto de ley de educación sexual integral es solo un paso. En Panamá, en el último lustro, 30% del total de embarazos lo representan 58 mil niñas y jóvenes de entre 10 y 19 años. No podemos pretender una mejor sociedad exigiéndole a niñas, educar a otros niños.
La autora es feminista