Hace un par de meses, los noticiarios destacaban el desmantelamiento de una banda de clonadores de tarjetas, conformada principalmente por extranjeros de nacionalidad venezolana. Semanas atrás escuchaba en un programa de radio de otras bandas de extranjeros, procedentes de Sudamérica, que se dedicaban al secuestro express (secuestran a la persona y la obligan a que haga compras y retiros en efectivo, a través de las tarjetas de débito y crédito). Vemos que se le roba al hermano del director de la Policía, hecho que culmina con la desarticulación de una pandilla conformada por más de una docena de ciudadanos de nacionalidad colombiana. La semana pasada asesinaron a un abogado y, al parecer, uno de los cómplices es una ciudadana de ese mismo país.
Los anteriores son solo acontecimientos delictivos que se han registrado en 2010. Si bien es cierto, no todos los crímenes que se han cometido el presente año (y que según la OMS colocan a Panamá como la ciudad más peligrosa, en proporción de víctimas y número de habitantes) son realizados por extranjeros, un gran porcentaje guarda relación con nacionales de otros países.
Con algunos de esos países Panamá tiene acuerdos muy particulares, al no exigir visa para el tránsito de un país al otro. Uno de los argumentos para esto lo constituye la excusa, no válida, de favorecer y aumentar el turismo. Y digo no válida, porque al estar Panamá en listas de organismos internacionales como un país violento, el turismo y la inversión más influyente y de prestigio procedente de Europa y Norteamérica, se ahuyentarían.
A casi un año de haberse instalado el presente gobierno, los índices de criminalidad van en aumento. Ni los retenes permanentes ni el pele police ni las amenazas por televisión dirigidas a frenar la delincuencia parecen disminuir la espiral de violencia en que se encuentra inmerso este país.
Creo firmemente que un cambio en la política migratoria de este país, como el requerimiento de una visa para entrar, disminuiría los índices de criminalidad. Panamá tiene una estrecha relación con Estados Unidos, a pesar de ello los panameños tenemos que solicitar una visa para poder entrar a suelo estadounidense. Preguntas como la razón del viaje, ingresos, estado civil, familiares residentes, etc., forman parte de un largo cuestionario y que constituyen un requisito para aspirar a una visa migratoria.
Otro ejemplo lo constituye España, país que no solicita visa de entrada a los panameños, por su buen comportamiento, pero sí lo hace con personas de otras nacionalidades “problemáticas”. Eso como un Estado soberano y en defensa y protección de sus connacionales.
