El primer ministro belga, Herman Van Rompuy, fue elegido el jueves, por unanimidad, por los dirigentes de los 27 como primer presidente permanente del Consejo Europeo. En la misma reunión, que apenas duró dos horas y media, los jefes de Estado o de Gobierno nombraron a la británica Catherine Ashton, actual comisaria de Comercio, como jefa de la diplomacia europea, cargo que hasta ahora desempeñaba el español Javier Solana.
Reino Unido apostó insistentemente por el ex primer ministro Tony Blair para presidir la unión, con el cálculo de que, en el caso de que no fuera elegido, lograría en compensación que alguno de los otros puestos en litigio fuera para su país, como ha sucedido.
Los dos nuevos cargos han sido creados por el Tratado de Lisboa, que entrará en vigor el próximo 1 de diciembre, y se encarnarán en dos personalidades que no harán sombra a ninguno de los dirigentes de los grandes países europeos.
Junto al presidente de la comisión, José Manuel Durão Barroso, y el presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, Van Rompuy y Ashton constituyen la imagen más clara de la nueva Unión Europea.
Van Rompuy, poco conocido en las instancias comunitarias, contaba con el respaldo básico de la canciller alemana Angela Merkel y del presidente francés Nicolas Sarkozy. Un apoyo tan explícito que llegó a molestar al primer ministro sueco, Fredrik Reinfeldt, quien ostenta la presidencia de turno de la unión y a quien correspondía formalmente presentar a los candidatos.
La elección de Ashton sorprendió mucho más por su inexperiencia en asuntos diplomáticos.
Fuentes comunitarias comentaban con cierta sorna que “los británicos querían liquidar el servicio exterior y lo han conseguido”.
Otros comentarios más críticos subrayaban la contradicción que supone “elegir a una persona con menos conocimientos y experiencia que Solana para un cargo con más competencias que el que actualmente desempeña Solana”.
Van Rompuy sorprendió anoche con un discurso muy bien elaborado en el que explicó sus ideas sobre el cargo. Insistió mucho en la “necesidad de respeto a la diversidad, sin la cual no puede haber unidad” y se ofreció para “escuchar a todo el mundo”.
Van Rompuy, un hombre sumamente discreto, con prestigio de buen componedor, encaja perfectamente para el perfil del puesto de presidente.
Sus competencias son las de preparar y presidir los trabajos del Consejo Europeo y esforzarse por facilitar la cohesión y el consenso.
Asegura la representación exterior de la UE, sin perjuicio de los poderes atribuidos a la nueva alta representante.