Sobre el político de la barba rala y gris pesan las esperanzas de media nación. Cientos de miles protestan desde hace días en las calles de Teherán y en otras ciudades del país para impulsar a Mir Hussein Mussavi hasta el sillón presidencial a través de nuevos comicios.
Las imágenes de los manifestantes dominan los programas de noticias en todo el mundo, el número de participantes es cada vez mayor. Pero el espectro político internacional se mantiene visiblemente reservado respecto al temporal en toda la región. “ONU, ¿dónde están?”, preguntaban por ello algunos manifestantes en sus pancartas.
Excepto algunas llamadas a regañadientes a que se respeten los derechos humanos, las reacciones provenientes de las capitales occidentales son frugales. Algo que no debe extrañar, ya que Irán cuenta con una posición poderosa en la cuestión de un proyecto de paz en Medio Oriente. Occidente procede de manera prudente al no echar a perder sus opciones con ninguna de ambas corrientes, en vista del final incierto en Teherán.
Benjamin Netanyahu, el primer ministro de Israel –que cultiva una profunda enemistad con Irán–, no mencionó ni una sola sílaba respecto a los comicios iraníes en su discurso del pasado domingo. En Israel, entre tanto, aumentan las voces que creen que el resultado de las elecciones, consideradas por muchos como fraudulentas, no son necesariamente malas para Jerusalén. Un buscapleitos como Ahmadineyad en Teherán refuerza los argumentos hebreos, que defienden siempre su política de seguridad con la supuesta amenaza nuclear iraní.
El presidente de EU, Barack Obama, sugirió el miércoles, tras unos días de silencio, que la decisión sobre la jefatura de Estado en Teherán puede estar siendo sobrevalorada en su relevancia para la política internacional. Y es que, más allá del presunto fraude electoral, queda claro que también Mussavi se mueve en el estrecho corsé del Estado religioso iraní.
El líder opositor, en tanto, reconoce sin miramientos al poderoso líder supremo de la revolución, el ayatolá Ali Jamenei. Por ello, todos los expertos están de acuerdo en que Mussavi no es tampoco la persona correcta para una revuelta que acabe con el régimen de los mulás.
La oposición de Mussavi frente a Ahmadineyad se debe a pugnas entre los bastidores del espectro político de Teherán, creen con bastante seguridad varios observadores. Ambos, Jatami y Rafsanyani, tienen todavía bastante influencia en el sistema iraní. El populista Ahmadineyad, querido por el pueblo, es considerado en partes de la clase política del país como un factor perturbador surgido de las filas traseras, señala un experto. También el hecho de que una parte del clero planee marchar con los seguidores de Mussavi puede ser una señal de que el líder opositor no está demasiado lejos de la clase gobernante.