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Pandemia de Covid-19

Oportunidades para el sector agropecuario

Tras décadas de privilegio a las importaciones de alimentos,la Covid-19 nos ha obligado, de manera repentina, a dar prioridad al concepto de seguridad alimentaria y a buscar mecanismos que garanticen alimentos a precios accesibles. De lo contrario, la crisis sanitaria se nos puede convertir en una crisis alimentaria que lleve al país a la inestabilidad social.

De momento, la discusión se ha concentrado en la urgencia de que el gobierno pague sus deudas a los productores, agilice el crédito y facilite acceso oportuno a insumos. Algunos, los más ambiciosos, proponen que se implemente un precio sostén para hacer atractiva la producción y ampliar la frontera agrícola como se hizo hace medio siglo atrás.

Sin embargo, poco o nada se ha dicho sobre la necesidad de proteger la base natural que sustenta la productividad agrícola y la salud de los productores. Si bien los gases de efecto de invernadero han disminuido debido a la pandemia, las emisiones aumentaránnuevamente a medida que se reactive la economía global.

El cambio climático sigue haciéndonos vulnerables a variaciones en la cantidad y regularidad de las lluvias y al aumento del nivel del mar. Los bosques y humedales nos ayudan a proteger el agua, a regular el clima, enriquecen los suelos, controlan la erosión y las plagas y nos proveen servicios de polinización de frutas y legumbres.

Los ecosistemas no son artículos de lujo que protegemos sólo en tiempos de abundancia económica. Ya en febrero pasado la Autoridad del Canal de Panamá aprobó el cobro de un cargo por agua dulce, para enfrentar la escasez del líquido resultado de la crisis climática y financiar planes futuros para garantizar su plena disposición.

La deforestación y alteración de humedales en tiempos de pandemia, expone a nuestros productores a una sindemia, en la que dos virus están activos en un mismo lugar, complicando la sobrevivencia de los contagiados. Es vital monitorear y prevenir posibles brotes de hanta o de encefalitis equina, ambas enfermedades zoonóticas que, igual que el coronavirus, se transmiten de animales a humanos en zonas ambientalmente degradadas.

La política agropecuaria debe orientarse hacia la intensificación en lugar de la expansión, para producir más en menos espacio, utilizando semillas mejoradas y tecnología. Los préstamos deben animar a la protección y restauración de bosques y humedales, como un insumo más y como parte del seguro agropecuario para reducir los riesgos de pérdidas monetarias y de alimentos debido a variaciones climáticas. Urge propiciar la colecta de semillas de árboles nativos para la producción y siembra de plantones aumentando la resiliencia climática y generando empleos tan necesarios en las áreas rurales.

La nueva política agropecuaria debe ser climáticamente inteligente, midiendo y analizando variables climáticas, tomando decisiones basadas en ciencia, implementando acciones para enfrentar sequías y eventos climáticos extremos, protegiendo las fuentes de agua, respetando los humedales y adaptándose a la nueva realidad. Productores, investigadores y técnicos deben trabajar juntos, incluyendo disciplinas como robótica, informática, geomática, agroecología, hidrología y logística.

Es necesario formar una nueva generación de productores jóvenes, que incorporen a su trabajo herramientas modernas, como drones para identificar plagas y dosificar aplicaciones, el uso de información satelital, la programación y control digital de variables ambientales para cultivos hidropónicos, la irrigación por goteo o aspersión, la tecnificación de invernaderos, y la generación de modelos matemáticos para el estudio de las plagas y su control. Si fuera fácil, ya estaría hecho: por eso mismo hay que empezar a hacerlo.

El sujeto central de este esfuerzo debe ser el pequeño productor campesino e indígena. Será necesario apoyarlo para que pueda producir y transportar sus productos a los mercados cercanos, y garantizarle precios justos. Y, sobre todo, mejorar sus condiciones de vida, nutrición y salud, y potenciar su conocimiento tradicional sobre las labores del campo.

Sin duda, la garantía de liquidez para que el productor pueda iniciar la siembra es la prioridad en estos momentos. Sin embargo, un buen gobierno debe ser estratégico, visionario y disciplinado en la implementación de acciones que permita la soberanía alimentaria del país aún más allá de la pandemia. La Covid 19 es la oportunidad que esperábamos para construir una agricultura rentable, saludable, socialmente sensible y climáticamente inteligente.

La autora es doctora en ambiente y sociedad, docente de la Universidad Tecnológica de Panamá y miembro de Ciencia en Panamá.


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