El avance del mundo suele ocurrir entre las batallas que ganen las corrientes mas progresistas en contrapeso de las concesiones que las posiciones conservadoras otorguen. Generalmente entre mas represión ejecuten los bandos conservadores, a la larga y después de muchas batallas se imponen las nuevas ideas, morales y valores de las corrientes progresistas.
Ciertamente el efecto Trump ha conseguido validar ideas y conceptos que hubieran sido considerados como políticamente incorrectos aún para la década de los 90. El efecto Trump ha potenciado el resurgimiento de grupos racistas y fundamentalistas recalcitrantes que no hubieran sido aceptados públicamente de la manera en que hoy tienen voz.
Probablemente algunos de esos grupos que han visto afectado mayormente el avance en materia de derechos son las minorías LGBTIQ, que hoy tienen que defender su condición de ser humano y sus derechos ante aquellos políticos que se dedican a vender sus influencias para favorecer a grupos conservadores.
Se comprende que el público en general desconoce totalmente cómo su oposición afecta la vida de otro ser humano y las repercusiones a nivel de salud mental y física que una persona LGBTIQ tiene que lidiar. Ser parte de la “mayoría” confiere privilegios que invisibilizan el problema de los otros, y también lo llevan a la negación. Hablar del tema LGBTIQ expone a los demás no solo a enfrentar la realidad de la que no se quiere hablar; es abrir la oportunidad para el diálogo y la sensibilización sobre estos temas.
Todos aquellos que creemos en una real agenda progresista debemos tomar en cuenta los actores a todos los niveles, en proteger las minorías mientras se promueve la aceptación intercultural de otras personas en todos los contextos participativos de la sociedad. El Estado, a través de los distintos poderes que ostenta, debiera ser el garante de que los derechos de sus ciudadanos estén protegidos. Si bien nuestros espacios parecen estar cerrándose por corrientes más conservadoras, es importante enfocarse en la meta y no en posturas conflictivas. Una sociedad más equitativa y con justicia social, debería ser siempre nuestro norte, y el cómo hacerlo realidad el deber de todos.
La autora es magíster en salud pública y telecomunicaciones