El 9 de noviembre del 2001, el entonces presidente norteamericano George W. Bush proclamó esta fecha en conmemoración a la caída del muro de Berlín como “World Freedom Day”. En su proclamación el presidente dijo “Como la caída del muro de Berlín y la derrota del totalitarismo en Europa este y central, la libertad triunfará sobre esta guerra contra el terrorismo”, haciendo así referencia a los ataques contra los Estados Unidos el 11 de septiembre, escasos dos meses antes.
La caída del muro de Berlín, el 9 de noviembre de 1989, fue para los que lo vivimos, un evento difícil de creer. Por más de 40 años, los habitantes del planeta vivimos bajo la amenaza de “Destrucción Mutua Asegurada” en caso del lanzamiento de misiles nucleares de un lado al otro. Francis Fukuyama, en su libro “The End of History and the Last Man” (1992), nos hablaba felizmente del fin de la competencia entre los modelos ideológicos del comunismo y el modelo occidental de una democracia liberal ante la derrota contundente de la primera.
Pero escasas dos generaciones después de esos eventos tenemos mucho que evaluar después de ese regocijo generalizado de que la paz reinaría en la tierra. Si podemos hablar de que ya no existe la Unión Soviética, ¿qué podemos decir de Cuba y sus satélites: Venezuela, Nicaragua, Bolivia y ahora Perú?
Yo propongo que ya no hablemos de modelos socialistas cuando en realidad son nuevas versiones de modelos caudillistas vestidos de un manto ideológico que no morirá en la medida que apela a la creación del cielo en la tierra.
Propongo que ya no hablemos de ideología y plantemos la batalla social como la del individuo contra el estado. Si Castro, Chávez y sus similares se plantean como la forma de organizar la sociedad bajo el control del estado en su amplia magnitud (pensemos, por ejemplo, en la propuesta del Viceministerio de la Suprema Felicidad de Venezuela) entonces debemos nosotros rechazar la idea que el estado es capaz de anticipar las necesidades individuales de millones de sus conciudadanos como un “Camino a la Servidumbre” (F. Hayek, 1944).
Y si como individuos debemos combatir el canto de sirena de los socialistas del hemisferio, ¿qué decir del totalitarismo médico al que los países del planeta nos han sometido destruyendo así los avances económicos de décadas de esfuerzos individuales en escasos diecinueve meses? La Nueva Normalidad nos presenta un panorama tétrico donde bajo el manto de “salud colectiva”, los gobiernos están implantando niveles de control del cual solo pensábamos eran propias de novelas de George Orwell. Alrededor del planeta, ahora es necesario presentar carnet de salud para poder tomar un café y el no contar con dicho carnet es casi una estrella amarilla cosida a la camisa.
La posibilidad de nosotros como individuos de poder forjar nuestro destino se ha visto seriamente afectada ante un estado que cercena los derechos fundamentales, creando una zozobra colectiva en la sociedad con una destrucción importante del PIB, aumentos de las tasas de desempleo en un 300% y una duplicación de la deuda país.
Así que mañana, 9 de noviembre, en celebración del Día Internacional de La Libertad los insto a seguir resistiendo el monstruo de dos cabezas, el Orthrus del comunismo y el Cerberus del fascismo sanitario desde cada una de sus trincheras.
El autor es director de la Fundación Libertad
