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Comercio Marítimo

Panamá, en la sombra de la geopolítica

En 1614, Sir Walter Raleigh en su célebre obra The History of the World dijo, “quien comanda el mar, comanda el comercio; quien comanda el comercio del mundo, comanda las riquezas del mundo y, en consecuencia, el mundo mismo”. En base a este razonamiento tan sencillo pero a la vez tan profundo se han desarrollado y se continúan desarrollando las principales disputas geopolíticas contemporáneas.

El control de los mares le permitió a grandes potencias como España, el Reino Unido y los Estados Unidos de América (EU) proyectar su hegemonía económico-militar. Esto, a su vez, también dotó de una gran importancia a aquellos Estados que gozan una posición geoestratégica privilegiada, y que se vuelven, tal como lo dijo Tim Marshall, prisioneros de su geografía. Es por ello que Estados pequeños como Chipre, Singapur, Mauricio, Yibuti o Panamá, por instintito de supervivencia, deben prestar especial atención a los distintos desarrollos en las principales rutas marítimas del mundo. Si a esto agregamos que algunas de estas zonas también son ricas en hidrocarburos, el desarrollo de una postura internacional concreta y un sistema de alianzas se vuelve una tarea apremiante.

El conflicto por el Mar del Sur de China nos reafirma la necesidad de desarrollar una postura internacional concreta con respecto a la libertad de navegación en el ejercicio del comercio marítimo y la explotación de hidrocarburos en zonas marítimas objeto de disputas. Tal como lo explicó Robert Kaplan, de la misma manera en que el control del Caribe y el acceso al Canal de Panamá representó para los EU. la expansión de su poderío al Pacífico, para China el control del Mar del Sur de China y el acceso al estrecho de Malaca representaría su entrada al Océano Índico. Panamá, debido a su historia y al tamaño de su flota de marina mercante, le corresponde seguir con atención cada uno de los desarrollos en esta zona del mundo. Igualmente, tal como nos demuestran los efectos de las recientes sanciones adoptadas por los EU. en contra de China Communications Construction Company y algunas de sus subsidiarias, este tipo de decisiones podrían también afectar nuestros intereses locales.

Por su posición geoestratégica privilegiada, Panamá tampoco escapa de este tipo de disputas. A partir de 2009 y a raíz de las crecientes reivindicaciones marítimas de Nicaragua, se produjo un acercamiento estratégico entre Panamá, Colombia y Costa Rica. El objetivo era hacer frente a la percibida expansión nicaragüense y que se respetaran los límites marítimos preestablecidos. Nicaragua buscó y consiguió expandir su zona económica exclusiva en el Mar Caribe con el propósito de explorar posibles reservas de petróleo, afectando a su paso la frontera marítima de Panamá con Colombia y Costa Rica. No obstante, las compañías a cargo de la exploración no lograron encontrar petróleo alguno.

Adicionalmente, las crecientes tensiones en el Mediterráneo Oriental por el control de las reservas de gas natural ponen de relieve la importancia de los sistemas de alianzas. El descubrimiento de estas reservas cerca de las costas de Chipre ha despertado un conflicto geopolítico subyacente. Mientras que Chipre reclama su derecho de explotar el gas natural al encontrarse dentro de su zona económica exclusiva, Turquía rechaza esta postura y ha firmado un acuerdo con Libia para extender su plataforma continental y adquirir derechos de explotación. Mediante el Foro de Gas del Mediterráneo Oriental, que reúne en una misma mesa a representantes de Grecia, Egipto, Jordania, Israel y Palestina, Chipre ha aislado diplomáticamente a Turquía. A su vez, los chipriotas han logrado el apoyo de la Unión Europea y los EU.

El Canal de Suez, el estrecho de Malaca, Bab-el-Mandeb, el estrecho de Gibraltar e inclusive el Mediterráneo mismo tienen que lidiar con disputas interestatales y geopolíticas, así como con desafíos complejos como el terrorismo y la piratería. El Canal de Panamá, en contraposición con estas otras rutas marítimas importantes, tiene una ventaja competitiva; su acceso es seguro y expedito. Ante la posibilidad de encontrarnos frente a una coyuntura similar en un futuro no muy distante, no le haría daño a Panamá contar con una postura que sea lo suficientemente clara y con un sistema de alianzas robusto que le permita hacer frente a cualquier agenda expansionista que busque afectar la libertad de navegación y el libre acceso a nuestro Canal.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional


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