Política sanitaria

Panamá: un sueño post-Covid

Érase el Siglo XXI, año 2020, con desarrollos sanitarios desiguales y una elevada inequidad social, Panamá enfrentaba una pandemia mundial e histórica. Pero todo cambió radicalmente. Un año más tarde, 2021, celebramos el descubrimiento de una vacuna y tratamiento adecuado para la Covid-19, parece que la amenaza a la salud desapareció y la prevención de la enfermedad se volvió una política de Estado, siempre anticipados, como Albert Camus (La peste, 1947), “advierte a las autoridades sobre la necesidad de prevenir un posible regreso futuro de la peste, cuyos bacilos pueden permanecer inertes durante años antes de volver a atacar”.

Los panameños y panameñas que fallecieron son recordados, se cuentan historias que permanecieron ocultas acerca del sufrimiento de muchos y otras de éxito, incluyendo el estoicismo de trabajadores de la salud, el conteo de genoma y la trazabilidad del primer caso, además, del aumento vertiginoso en el número de contagios esperados respecto al primer paciente positivo; se lamenta la manera en que los asintomáticos, principalmente, mantuvieron constante la cadena de transmisibilidad del virus, el sistema sanitario colapsó.

¿Pero qué lecciones aprendidas dejó la pandemia del año 2020? Analiza una nueva y transparente mesa de diálogo post-covid de la nueva normalidad.

La primera de ellas es que la comunicación es una arte y la salud pública una especialidad. Citaban a Ignacio Ramonet, en su obra Pensamiento Único, cuando decía que en una sociedad mediatizada, la repetición se volvía demostración, y tal parece que trasladamos tanto la responsabilidad de la epidemia al comportamiento de la población, que agotamos los mensajes de “quédate en casa” y con esta acción, bajamos la percepción del riesgo sobre la amenaza real.

Comunicamos estadísticas, que son el resultado de un problema que ocurre en la sociedad, como si el número fuera el problema, y no la manifestación de un sistema de salud agotado y de las profundas desigualdades que reafirmó la mal llamada crisis sanitaria.

También olvidamos que la acción comunicativa requería asumir la propia responsabilidad institucional y que para alcanzar la inteligibilidad de los contenidos del mensaje, parece que olvidamos que no todas las personas sabían de ARN, de mutaciones, ni de razón de disparidad, todo un desafío. La manifestación del resultado habló sobre la intención.

De confinados aterrorizados a relajados liberales, un gran salto cualitativo en el comportamiento, fue la manifestación esperada de un mensaje único, que indicó la urgente necesidad de no dejarlo trasnocharse, y que la ausencia de un enfoque antropológico en su contenido, hubiese abarcado muchas más formas y expresiones de la cultura panameña, diversamente representadas en este pequeño gran país.

En segundo lugar, si hubo un consenso en que los problemas de salud ocurren en la estructura de la sociedad, ¿por qué se insistió en un enfoque centrado en la enfermedad (biopatocéntrico) en la atención de la pandemia, que hizo en ocasiones que pasáramos de héroes a villanos, incluso satanizando la estoica labor de la respuesta clínica al problema.

Pero he aquí el otro problema, parece que no lo notamos, por el sentido de urgencia o por la tendencia a simplificar los entendimientos sobre la respuesta, recargamos y hacemos insuficiente la capacidad resolutiva de éstos profesionales, soslayando la oportunidad de estructurar una estrategia de atención primaria, apoyados en más de 2,500 comités de salud a nivel nacional, con fuerza organizativa, conocimiento del territorio y del perfil epidemiológico de los principales lugares poblados.

En tercer lugar, todos sabíamos que no se trataba solo de construir hospitales, también había quie dotar de recursos a la red de atención en las regiones sanitarias y desconcentrar la respuesta del problema, esto se hace con un enfoque ecosistémico y organización comunitaria, al mejor estilo del maestro doctor José Renán Esquivel. Al parecer recordamos poco a Lalonde (1974) y la triada ecológica, mencionamos los determinantes de salud, pero solo en el reporte diario.

En cuarto lugar y bajo el beneficio de la duda, hizo falta apoyarnos en la descentralización administrativa y que cada distrito asumiera su rol de municipio saludable para enfrentar la pandemia, ubicando casos, organizando las comunidades, aplicando pruebas rápidas y siendo una línea de control y ruptura de la cadena de transmisibilidad del virus, al parecer, una especie de culpa centralizada en el ejecutivo suena más cómo. De losublime a lo ridículo. Parece además, que en el 2020, el virus nos jugó una mala pasada, hoy en pleno año 2021, la vida nos vuelve a sonreír.

Con la tecnología a favor, hemos iniciado las reformas al sector salud, pasando de un modelo concentrador, a uno integrador, basado en una red de atención primaria dotada de capacidad resolutiva y con una fuerte organización comunitaria, que supera la epidemiología de las desigualdades; con municipios saludables fortalecidos y una política pública moderna y plural, que blinda los sistemas sociales como base del desarrollo humano sostenible; que no subsidia la pobreza, y crea círculos virtuosos facilitando el acceso a la educación, seguridad alimentaria y salud para todas y todos con la misma calidad. Ver después no vale, quizás como la obra de Camus, los inertes bacilos pueden volver a atacar y es mejor estar preparados.

El autor es sociólogo

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