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Panamá y el Consejo de Seguridad de la ONU (I)

En el año 2024, durante el septuagésimo noveno período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, se llevarán a cabo las elecciones para cinco (5) asientos no permanentes en el Consejo de Seguridad de la organización. Uno de estos asientos no permanentes para el período 2025-2026, corresponde al Grupo Latinoamericano y del Caribe (GRULAC), y Panamá ha anunciado su intención de presentarse a dicha elección. En ésta y en mis próximas entregas ofreceré algunas consideraciones y perspectivas en cuanto a la candidatura panameña, y en qué debería centrarse nuestra eventual participación ante este órgano principal de las Naciones Unidas. Lo anterior responde al interés de que, a través de su participación en el Consejo de Seguridad, Panamá ejerza un rol proactivo en el complejo proceso de moldear la agenda de seguridad global, y que a su vez negocie y trate, sobre una base regular, con las grandes potencias, proyectando así el perfil del país y aumentando nuestro prestigio a nivel internacional.

Antes, Panamá debe ser electa para el bienio 2025-2026. En tal sentido, será necesario que nuestro país obtenga el apoyo de dos terceras partes de los miembros presentes y votantes en la Asamblea General (129 de 193 Estados miembros). Para la presentación de su candidatura, la mayoría de los Estados siguen un proceso estándar, primero formalizando sus intenciones al notificar a su grupo regional (GRULAC en este caso) de forma escrita. Algunos Estados también tienden a circular notas a las otras misiones ante la organización, al Secretario General y al Presidente de la Asamblea General informándoles de la candidatura. El apoyo del grupo regional será fundamental para cualquier candidatura exitosa.

Tradicionalmente, el proceso para ganar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad requería de una participación visible y proactiva en los foros multilaterales, el desarrollo de relaciones bilaterales positivas con los otros Estados votantes, así como robustas relaciones personales con los miembros de otros cuerpos diplomáticos designados en Nueva York. Igualmente, era requerido un intenso cabildeo diplomático y el intercambio de votos y compromisos.

En el caso del GRULAC esto cambió a partir del 2006, y mucho tuvo que ver Panamá. En ese año, Guatemala y Venezuela presentaron sus candidaturas al Consejo de Seguridad, pero luego de 47 rondas de votaciones, ninguno llegaba al margen de dos tercios. En ese momento surge Panamá como la candidatura de consenso y en la cuadragésimo octava ronda de votación, el 7 de noviembre de 2006, nuestro país sería electo para ocupar un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad para el período 2007-2008 y por quinta ocasión en la historia de la organización. Luego de este proceso de elecciones que duró casi un mes, surgió un entendimiento informal entre los miembros del GRULAC para evitar elecciones disputadas. Consecuentemente, el GRULAC, desde el 2007, ha presentado, todos los años, candidaturas únicas, con la única excepción producida en el 2019, cuando algunos días antes de la elección, El Salvador trató de disputarle el asiento a San Vicente y las Granadinas, que ya había recibido el apoyo del GRULAC. La candidatura salvadoreña sería infructuosa, recibiendo únicamente seis votos.

El hecho de que las candidaturas del GRULAC no sean disputadas contribuye de forma significativa a que la inversión de recursos económicos y de tiempo por parte de los Estados sea moderada. Lo anterior no exime al candidato de buscar el apoyo de otros Estados a través de compromisos escritos u orales, pues como nos demuestra el caso de El Salvador en 2019, nada garantiza que la candidatura no vaya a ser disputada. Tampoco significa que un Estado va a ser electo sin hacer campaña, pues la apatía en cuanto a sus intenciones de llegar al Consejo, aunque poco probable, se podría traducir en no lograr los dos tercios requeridos.

Hasta el momento, Panamá cuenta con el compromiso público para su candidatura por parte de Honduras (2014), Uruguay (2015), India (2018), Estonia (2018) y otros. No obstante, todavía tenemos pendiente obtener el respaldo oficial del GRULAC, el cual generalmente se le extiende al candidato único un año antes de la elección (2023). En tal sentido, el tiempo está de nuestro lado, todavía, para preparar un plan de trabajo integral con sus respectivas áreas prioritarias. Para cualquier Estado, su elección como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas es una forma de medir su prestigio internacional. Para Panamá, su elección para el bienio 2025-2026 debe convertirse en un imperativo de política exterior. El éxito de la candidatura panameña dependerá de su reputación y proyección internacional, así como del ejercicio de un poder blando que esté muy interconectado con los intereses y las expectativas de la comunidad internacional.

El autor es abogado y profesor de derecho internacional

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