Conciencia

Panamá y la pandemia de la Covid-19: y ahora, ¿qué pasará?

Mientras algunos países despiertan de un sueño propiciado por una inoportuna visita que obligó a propios y extranjeros a resguardarse en cuarentena, en la que el mensaje era claro (te quedas en casa y te proteges, o sales y te expones), otros países buscan la luz del amanecer entre una espesa neblina que no logra desaparecer, como es el caso de Panamá. Como panameño en el extranjero leo y miro desde 9 mil kilómetros de distancia el día a día que mis compatriotas llevan ante la Covid-19. Y las noticias son preocupantes, cada día mas casos y en aumento, ya no son 100 o 200 contagios por día; ahora son 400, 500 y hasta 600 en un solo día, y estos contagios no se dieron dos días antes de ser detectados, sino hasta dos semanas previas, por lo cual la cadena de contactos es grande.

Los lectores se alarman en primera mano; cada día las noticias son menos esperanzadoras al final del día, lo cual hace pensar que la situación está fuera de control, o como muchos comparten en las redes sociales, “sálvese quien pueda”. El tema no es que se salve quien pueda, sino es cooperar entre todos para encaminar una solución, junto al correcto apoyo de las autoridades. Al ver los datos estadísticos, el comportamiento del virus reflejó un incremento gradual desde el 9 de marzo al 9 de abril. Luego de este primer mes, la cifra en los contagios fue variada, 370 el 3 de mayo mientras que el 13 y 19 de abril se registraron 72 y 63 casos, respectivamente. Sin embargo, desde el 25 de mayo los casos se han disparado, alertando a la ciudadanía, y si no fuese así, debería ser señal de alerta porque significa que las cosas no están funcionando debidamente. Aunque se ha frenado, por un lado, por el otro se está desbordando.

Al principio las medidas designadas por las autoridades y acatadas por la población (bueno por los que la acataron, porque la cantidad de detenidos durante los toques de queda da a entender el poco importa de muchos), daban aires de seguridad en cuanto a frenar los contagios. Pero ahora, con el escandaloso incremento de los casos, todo se vuelve oscuro y nos hace pensar: y ahora, ¿qué pasará? Mientras los bloques abren, los contagios aumentan, el estrés aumenta, la preocupación aumenta, el desconcierto aumenta, todo aumentó, excepto la confianza de los panameños por el manejo de la situación. Sin duda alguna este nuevo huésped ha revelado lo bueno, lo malo y lo feo, tanto de las autoridades como de cada panameño.

Aunque Panamá tomó medidas más serias que muchos otros países (serias de verdad, porque en otros países no se pasó a la cuarentena total, salir por género y número de cédulas, y aun sin haber logrado una reducción en los casos, se regresó a la “normalidad”), los casos no pararon, han seguido avanzando y duplicándose por día. La indignación de la población por la incertidumbre en el manejo de la actual situación del país no es un secreto y no se puede ocultar con cortinas de humo. Las dudosas contrataciones, escándalos que circulan en los principales diarios y medios de información del país, ponen a Panamá en la lista de los países de Latinoamérica no transparentes en tiempos de la Covid-19. El dudoso manejo de la ayuda humanitaria que el gobierno brinda debilita el trabajo ante los contagios. Pero, ¿por qué? Grande es el descontento acerca de a quién, y cómo se reparte el bono y las bolsas de comida, y esto no es nuevo, en todo el país circula lo mismo: que al vecino sí le dieron, que a mi no, que al que en realidad sí necesita no le llegó la ayuda, presionando esto a muchas personas a salir y exponerse. En algunas regiones, la ayuda del gobierno ha sido efectiva, mientras que en otras no están claros los criterios de distribución.

El correcto apoyo es sinónimo de equidad. Ofrecer la ayuda al que en realidad la necesita, al que se ve obligado a salir a buscar el pan de cada día, y se expone a sí mismo y a sus dependientes. Ofrecer la ayuda sin mirar antes si la persona está inscrita en el partido político de turno, o al que se pertenece. Ofrecer la ayuda sin poner de antemano los prejuicios, el racismo o las preferencias por amistad, familiaridad o cual sea que sea el caso.

El juega vivo, la falta de transparencia, la corrupción, lo ancho para algunos y lo angosto para el resto, ya se ve reflejado en los números que al atardecer leemos; la responsabilidad no es solo del pueblo, del que sale por necesidad o por sin razón, sino también de las falencias de un sistema mustio y macilento.

Es hora de dejar los intereses propios para luchar por un Panamá unido. Todos estamos agotados, angustiados y necesitamos un plan de solución. Los médicos están cansados, los enfermeros y enfermeras están extenuados, los centros médicos saturados, y cada uno de los panameños en riesgo.

El autor es doctor en Cambio Climático

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