¿Qué es un evento extremo? El Panel Intergubernamental de Cambio Climático define un evento extremo como un raro e infrecuente suceso o episodio según su distribución estadística en un determinado lugar. A través de la historia de la humanidad los eventos extremos climáticos han acompañado el devenir del ser humano. Pero en las últimas décadas han dejado marcas y profundas cicatrices que hacen reflexionar la forma en que vemos y entendemos la naturaleza. De acuerdo con los estudiosos del clima, los eventos extremos relacionados al cambio climático son más fuertes y agravantes desde la década de 1950.
No hay que hacer una gran búsqueda bibliográfica para ver que nadie escapa a estos. Por ejemplo, este año, la humanidad además de combatir un virus que muta sin cesar y cuyo origen quizás fue por las alteraciones ambientales producidas por el factor antropogénico; hombres y mujeres han tenido que dar cara a eventos en diferentes latitudes. Durante el invierno boreal, temperaturas extremas mínimas en Europa, siendo para algunos países las temperaturas más bajas registradas en los últimos 80 años, con intensas nevadas nunca vistas por las nuevas generaciones. Durante el verano, temperaturas extremas en Norte América, afectando centenares de vidas. En las llanuras centrales de Europa, la inestabilidad atmosférica trajo consigo un devastador tornado en República Checa, con una fuerza jamás documentada. Aún más reciente, devastadores incendios en Grecia y para completar el coctel de eventos, el pasado mes de julio fue el mas caliente de la historia de los registros climáticos del planeta según la NOAA.
Panamá no escapa de esta realidad, si hacemos memoria durante las últimas 3 décadas, el istmo ha sido abatido por tormentas, inundaciones, incendios, intrusivas mareas que arrastran con todo a su paso, huracanes, olas de calor y sequias extremas provocadas por los agresivos efectos del Fenómeno del Niño. Por ejemplo, en cuanto a los efectos del Fenómeno del Niño, , por ejemplo, los años 1982/1983, 1997/1998, 2009/2010, 2014/2015, 2019/2020 fueron de estrés hídrico para el país. En 2019, un devastador incendio consumió 25 mil hectáreas, aquí también la falta de compromiso y conciencia por la parte antropogénica es un factor determinante, cuyas consecuencias causan estragos en la flora y fauna.
Con respecto a inundaciones, el evento de la Purísima en diciembre de 2010 es otro claro ejemplo de los eventos extremos retornables. Hablando de precipitaciones, el aumento de estas durante los huracanes es otro evento que ya ha sido observado. El impacto que tuvo el huracán Iota de categoría 5 en la región occidental del país el pasado noviembre de 2020, dejó una vez en evidencia la poca preparación que tiene el país para hacerle frente a estos eventos. En cuanto a esta forma severa de tormenta tropical, en lo que va del siglo XXI ya se han registrado 4 huracanes que han afectado a Panamá: huracán Beta en 2005, Otto en 2016, Nate en 2017 e Iota en 2020. En comparación al siglo XX, en cuyos registros solo aparecen los huracanes Martha de 1969, Irene en 1971 y Cesar-Douglas en 1996. Lo interesante y preocupante al observar es la frecuencia con la que han ocurrido estos eventos a lo largo de ambos siglos, mientras que para el siglo XX se registran 3 con un periodo de tiempo de hasta más de 2 décadas entre uno y el otro, en lo que va del siglo XXI ya han ocurrido 4, y de estos, 3 huracanes en la última década. Ahora bien, ¿Qué le espera a Panamá en los 80 años que restan de este siglo?
Los eventos extremos no van a desaparecer, como consecuencia del calentamiento global, estos han de maximizar la intensidad y frecuencia con la que ocurren. Lo cual se traduce como más eventos extremos en menos tiempo y de fuerte agresividad. Panamá ya esta caminando hacia un mejor devenir en cuanto al estudio y adaptación de los efectos del cambio climático y los eventos extremos, pero aun hace falta un largo camino por recorrer. Hace falta fortalecer la observación sistemática de alta calidad, detectar tendencias de largo plazo, entrenamiento de personal, y disponibilidad del Estado en invertir en material, experimentos y conocimiento científico.
El autor es geógrafo, hidrólogo e hidrogeólogo y doctor en cambio climático
