Uno de los acontecimientos históricos más relevantes en las causas de liberación ocurre en el istmo de Panamá, teniendo un rol protagónico campesinos de ascendencia española, indígena y negroide, el 10 de noviembre de 1821.
Un movimiento popular civil surge, producto del descontento de ciudadano, cansados del atropello y de la opresión de la colonia española, que se manifiesta en el alza de los impuestos para financiar guerras en Suramérica y en el arbitrario reclutamiento de jóvenes para engrosar las filas militares. Inicia el movimiento civil de un pueblo disconforme, insatisfecho por la opresión del yugo español, liderado por el coronel Segundo Joseph De La Trinidad Villarreal Rivera, quien, a sus 61 años, era respetado caballero con conocimientos militares.
Corrían las noticias por las calles del poblado de movimientos de independencia que ocurrían en Sudamérica, gracias a la influencia del poderoso Simón Bolívar, conocido como “El Sol de Colombia”, y a la debilidad española, producto de las guerras con Francia, de la debilidad española con relación a sus colonias y de la influencia de las revoluciones americana, francesa y haitiana.
Estas gestas emancipadoras influyeron en el pensamiento colectivo de aquella época, sobre todo, en la La Villa de Los Santos.
La revolución liberal en España, en 1820, fue el preludio del grito de independencia. Los reyes de España, diluidos en una administración convulsa; la persecución desmedida de los liberales, y décadas de guerra, habían consumido recursos económicos y militares. La monarquía se encontraba debilitada, consecuencia de la inestabilidad política y de las frecuentes pugnas de poder. Este contexto es el caldo de cultivo que incentiva al pueblo santeño a alzar su voz y a rebelarse contra las autoridades de la Corona española, en La Villa de Los Santos. ¡Era hora de romper lazos con España!
La historia narra que el 20 de noviembre de 1821, dos tenientes coroneles enviados a la heroica Villa de Los Santos intentan disuadir a los insurrectos de proseguir con el movimiento. La respuesta fue que no habría marcha atrás y que debía acelerarse el proceso de independencia en la ciudad capital.
El natariego Francisco Gómez Miró hace circular información, instando a las provincias centrales a rebelarse contra el poderío español. La causa independentista resuena en todo Panamá.
El grito de independencia en La Villa de Los Santos fue celebrado hasta 1928, el 13 de noviembre. Gracias a investigaciones que llevó a cabo el diplomático Ernesto Nicolau, en su misión en la ciudad de Bogotá, se descubre en los Archivos Históricos de Bogotá documentos que sustentan que este acontecimiento en la historiografía panameña no había tenido lugar el 13 de noviembre como la tradición oral lo señalaba, sino el 10 de noviembre. Nicolau ubica el acta de proclamación de independencia del 10 de noviembre de 1821. La Asamblea Nacional de entonces, promulga una ley que modifica la conmemoración del grito de Los Santos del 13 de noviembre al 10 de noviembre.
Un fragmento del Himno Santeño reza: “De Castilla es La Villa el primero, de los pueblos el genio tenaz, que buscando el descanso se atreva, a obtener por su fuerza la paz”.
Doscientos años después de aquella gesta independentista, los santeños nos sentimos orgullosos de ser reconocidos por nuestra fuerza, valor y constancia, como capital histórica de Azuero y por ostentar el blasón de “La Heroica Ciudad”. Orgullo que pasa de generación en generación, y que permite que cada santeño transmita nuestra historia y cultura al resto del país.
La lección medular de lo ocurrido hace 200 años es que no debemos ser indiferentes ante las injusticias que puede atravesar un pueblo. Conocer nuestra historia nos permite comprender mejor el pasado; tomar acción en el presente e impactar de forma positiva el futuro de nuestra nación. Sigamos alzando nuestras voces, por los que no tienen voz, en especial, en defensa de los más vulnerables. Seamos más humanos y hermanos. Todos somos panameños, sin importar edad, sexo, raza, condición socioeconómica o religión. ¡Panameño, sé para tu patria!
La autora es miembro de Jóvenes Unidos por la Educación
