[PARTIDOS ESPAÑOLES EN DISPUTA]

‘El pañuelito’

El PSOE presenta al PP como heredero del franquismo y el PP no pierde oportunidad de atacar a Zapatero en nimiedades como que se desplace en un avión militar por motivos de seguridad.

Pensaba dedicar la columna de hoy a las elecciones al Parlamento Europeo, más conocidas como “las europeas”, que se celebrarán el domingo 7 de junio, y me senté ante la computadora con gesto serio y circunspecto como ameritaba el tema. Sin embargo, cuando ya había salido tres veces al balcón para ver qué pasaba por la calle –no pasaba nada extraordinario– y había hecho otras tantas visitas a la refri en busca de algo con pocas calorías –intento infructuoso–, acepté que el aburrimiento me estaba comiendo. Para animarme, puse en el componente un disco de música panameña: “Nuestra música”, de Osvaldo Ayala y la Orquesta Sinfónica Nacional, y eché unos pasos de baile con El pañuelito. Mano izquierda sobre el estómago y brazo derecho ligeramente levantado. Mi sentido del ritmo no es precisamente digno de lucirse en El Imperial, pero mi estado de ánimo mejoró bastante.

La causa de mi aburrimiento no es que no me interesen los comicios –la idea de Europa me fascina– sino la absurda campaña que están llevando a cabo los partidos políticos españoles. Lejos de explicarnos de qué modo intervienen las decisiones que se tomen en el Parlamento Europeo en cada uno de los ciudadanos de la Unión, se han enzarzado en un dime que te diré sobre política local que duerme a las piedras.

En dicha cámara se deciden las políticas a seguir en temas como inmigración, jornada laboral, uso de la energía nuclear, cambio climático, derechos humanos o terrorismo, aparte de la crisis económica, entre otros. Además, el espectacular progreso que España ha experimentado desde que es Estado miembro, se debe a los españoles, pero menos, porque las ayudas que ha recibido del organismo le han permitido colocarse en el primer mundo, motivo suficiente para incentivarnos al voto y elegir al medio centenar de los eurodiputados españoles que, incluidos en un total de 736, decidirán la Europa de los próximos cinco años.

La polémica la protagonizan los partidos mayoritarios, el PSOE, en el gobierno, y el opositor Partido Popular, y por la forma de atacarse, pareciera que lo único que importa es medir el grado de apoyo que tienen el uno y el otro.

El PSOE presenta al PP como heredero de la dictadura franquista, de forma bastante burda, por cierto, y el PP no pierde oportunidad de atacar al gobierno de Zapatero en cosas tan nimias como que se desplace en un avión militar por motivos de seguridad.

Lo que ha terminado por reventar el globo ha sido la gripe A. A raíz de un brote en el cuartel de Hoyos de Manzanares, que ha estado controlado con eficacia y transparencia, los ataques a la ministra de Defensa, Carmen Chacón, se salieron de lógica. Mariano Rajoy pidió su dimisión, pero como el Partido Popular acostumbra a pedir la dimisión de todo el mundo por un quítame de ahí esas pajas, mi aburrimiento es mortal. Me inclino por cosas menos emponzoñadas: “ese pañuelito que te di, lo tenía guardado para ti”.

Según los corresponsales en los países europeos, otro tanto está ocurriendo en los Estados miembro de la Unión. No es que bailen con Osvaldo, sino que los asuntos locales ocupan el debate y se olvidan de Europa. Entre el reciente escándalo de corrupción que han protagonizado políticos del Reino Unido y los escarceos de Berlusconi con chicas jovencísimas, ya hay tema suficiente.

Es posible que el europeo medio ni entienda ni se interese por la idea de Europa. Pero deberíamos, porque corremos el peligro de que la abstención le dé pábulo a partidos radicales y desandemos todo lo andado.

Se supone que el PP no es un partido radical, pero su cabeza de lista para las europeas, Jaime Mayor Oreja, acaba de dar la razón al cardenal Cañizares, que declaró, a propósito de la ley de plazos que se prepara en España sobre la interrupción del embarazo, y del informe sobre abusos sexuales en orfanatos de Irlanda, regidos por religiosos católicos, que el aborto es más grave que la pederastia.

No quisiera diferir tan reiteradamente con la Iglesia y los conservadores, pero me declaro inocente: me lo ponen a tiro.


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