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Para el debate sobre la historia en Panamá

El debate en torno a la ley que regularía la profesión de historiador en Panamá es apenas un síntoma de un mal más amplio y complejo. Toda ley, en efecto, es un medio para un fin mayor. Y en este caso, ese fin mayor consiste en encontrar remedio a la deplorable situación de los estudios históricos en Panamá.

Se han dado algunos pasos al respecto, como la creación del CIHAC-AIP en el Ministerio de Cultura, y el inicio (finalmente) de las actividades del Instituto de Investigaciones Históricas de la Universidad de Panamá. El país cuenta, además, con el programa de becas de posgrado que maneja Senacyt, que si bien ha beneficiado sobre todo a especialistas de las ciencias naturales, también está a disposición de sus colegas en ciencias sociales y humanidades.

Otros elementos positivos incluyen lo avanzado en la investigación de la historia del Panamá antiguo desde entidades como el Instituto Smithsonian y la Fundación El Caño, así como los avances en materia de protección de nuestro patrimonio histórico. Y a esto se agrega la enorme cantidad de información histórica sobre Panamá en entidades culturales de países como Estados Unidos, España y Colombia, constantemente enriquecida por nuevos estudios sobre el pasado del istmo producidos por historiadores de Panamá, como de esos y otros países.

Ante este panorama, nuestra comunidad de partes interesadas en el desarrollo de la historia debería contribuir a establecer una agenda de temas pendientes de importancia para el futuro de Panamá. Necesitamos, realmente, conocer y dar a conocer mucho mejor la historia del trabajo, de la tecnología, de la agricultura, de la ciencia, del ambiente, de la cultura y del lugar de Panamá en la historia del mercado mundial. Desde la identificación de esas necesidades será mucho más sencillo identificar los medios necesarios para atenderlas y trabajar juntos para obtenerlos.

La presencia de autores vinculados a esos campos constituye un valioso aporte inicial para tareas de tal complejidad. El Estado, sin embargo, debe comprender esta tarea y comprometerse con ella. El conocimiento de la propia historia es un elemento fundamental en la formación y desarrollo de la identidad nacional, tanto más valiosa en tiempos de reordenamiento del sistema mundial, y de nuestras propias opciones de futuro.

El autor se dedica a la historia ambiental y es integrante de Ciencia en Panamá


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