DESMENTIDO

Un ‘parte de guerra’ impreciso

Durante los últimos 18 años los panameños hemos vivido los torneos electorales en perfecta paz y armonía. No solo nos podemos vanagloriar de la ausencia de muertos durante las celebraciones de éstos, sino que además no han existido heridos, más allá de los que salen con el orgullo lastimado.

La semana pasada, pudimos ver en internet y en algunos programas de televisión la transmisión y comentarios sobre el espacio “Parte de Guerra” del capitán de navío Jurado, que se transmite en el programa de María Elvira Salazar en Miami, Florida, y en el que se hizo alusión a una de las participantes de las elecciones presidenciales de mayo de 2009. No creo que sea lógico que para hablar de nuestros ejercicios electorales se utilice el término “guerra” por los motivos expresados antes, pero además el marino Jurado dijo otras imprecisiones. Primero, da como un hecho, que la mayor parte del financiamiento de la campaña de la ingeniera Herrera es de origen estatal venezolano, a través de una triangulación con la familia Fernández; sabemos que eso es falso, ya que son públicas las cenas de recaudación de fondos y la muestra de apoyo de importantes empresarios y comerciantes locales a la campaña de la candidata oficialista.

Segundo, Jurado hace una advertencia –de forma arrogante y despectiva–, a la investidura del Presidente de todos los panameños (en mi concepto es una falta grave de respeto no solo al mandatario Torrijos, sino a todos los panameños).

Jurado afirma, tajantemente, que hay una relación estrecha entre la ingeniera Herrera y el presidente constitucional de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. Yo no conozco ni me interesa conocer sobre la escala de valores o de ponderación de este capitán; sin embargo, según mis parámetros para tener una relación estrecha es necesario, entre otras cosas, no negar los vínculos. Jurado afirma que al general Noriega lo sacaron los estadounidenses de la casa de Balbina Herrera, cualquier analista internacional que quiera opinar de temas panameños o hablar de Manuel Antonio Noriega debería, al menos, estar enterado de que él se entregó a las tropas estadounidenses, después de pasar casi una semana en la Nunciatura Apostólica, en Punta Paitilla, y no en el distrito de San Miguelito.

Ningún panameño ha escuchado a Balbina Herrera renegar de sus orígenes torrijistas o negar un hecho tan público y notorio como que fue la alcaldesa de San Miguelito, escogida por votación popular durante el periodo 1984–1989 y, por consiguiente, tener algún tipo de contacto o acercamiento a la cúpula castrense de la época.

Jurado define a Balbina Herrera como la representante de la izquierda, sin embargo, al analizar sus actuaciones como funcionaria pública nos damos cuenta de lo siguiente: como ministra de Vivienda fomentó la construcción de decenas de miles de casas de interés social, como de lujo, dándole un impulso a la industria de la construcción sin precedentes en nuestro país; durante su gestión, como presidenta de la Asamblea Nacional se aprobaron las leyes de privatización de los servicios públicos, actitud que no puede ser catalogada como de izquierda, y como miembro del CEN del PRD fue una de las encargadas de lograr el Pacto Meta, una alianza estratégica con la Democracia Cristiana, principales detractores del régimen 1968–1989.

El señor Jurado compara al Suntracs de Panamá con los piqueteros de la Argentina, cuando las diferencias entre ambos son enormes. Para empezar el Suntracs es un grupo de trabajadores que lucha por reivindicaciones laborales, mientras que los piqueteros son desempleados argentinos; además, las últimas encuestas de opinión hechas entre los miembros del Suntracs no dan como favorita a la ingeniera Herrera en ese sector.

Él afirma tajantemente que la ingeniera Herrera se reunió personalmente con la congresista colombiana Piedad Córdoba en días recientes, y las dos confirmaron hace varios meses haberse comunicado por vía telefónica. Por último, ese pseudo defensor de la democracia critica el hecho de que el presidente Chávez haga campaña buscando el voto de los indígenas, a los que define como “ignorantes”.

Me imagino que en la Academia Naval enseñan, en algún momento, que cada ciudadano tiene derecho al voto, pero supongo que a esa clase y a otras este individuo no asistió.


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