El 15 de septiembre de 2020 fue un día memorable. En vísperas del año nuevo judío, el Estado de Israel firmó sendos tratados de paz con Emiratos Árabes Unidos y el Reino de Bahréin. Los cancilleres de Bahréin y Emiratos (vestidos a la usanza occidental), se encontraron frente a la Casa Blanca junto al primer ministro de Israel y el presidente de Estados Unidos. No se vio ni el triple apretón de manos que hubo entre Carter, Begin y Sadat; ni el cálido saludo entre el rey Hussein y Rabin ante la mirada de Clinton, y ni siquiera el tímido estrechón que apenas cruzaron Rabin y Arafat. Aunque los protagonistas no llevaban tapabocas, la ausencia de contacto físico reflejó la realidad sanitaria que vivimos. Se trató de un acto lleno de simbolismo. Hace tan solo 10 años, ni el más optimista de los analistas políticos se lo hubiera imaginado. Tampoco yo.
Lo ocurrido esta semana en Washington tiene varias explicaciones. A primera vista, refleja la evolución del conflicto árabe israelí. A partir de la firma de la paz entre Israel y Egipto (coincidentemente, un 17 de septiembre de 1978), dicho conflicto comenzó a transformarse de uno regional entre los países árabes e Israel a un conflicto territorial entre palestinos e israelíes. Para el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, quien confronta serios retos políticos internos, la firma de estos tratados le otorga credibilidad en su país. Para Emiratos Árabes Unidos y Bahréin, países que buscan desarrollar economías de vanguardia que no dependan de los hidrocarburos, el acercamiento a Israel les abre las puertas a la tecnología, innovación y comercio con una de las potencias económicas de la región. Desde el punto de vista estratégico-militar, los tres países cementan su alianza frente a las percibidas amenazas del régimen iraní, de mayoría chiita.
Bahréin es un país insular un poco más grande que nuestra isla de Coiba. Muchos dicen que es un baluarte de Arabia Saudita frente a Irán en el Golfo Pérsico. Su casa real es sunita, pero la mayoría de su población es chiita, por lo que depende estratégicamente de su gran vecino en tierra firme, al cual le une un puente de aproximadamente veinticinco kilómetros de largo. Israel, por su parte, es el único país del Medio Oriente cuya población no es mayoritariamente árabe ni musulmana. Con estos dos, ya son cuatro países árabes con los que ha firmado la paz. Esto aplaca el riesgo existencial que ha confrontado Israel desde su independencia, en 1948. Y, ¿qué tiene que ver Estados Unidos? Estados Unidos juega su papel histórico como mediador del conflicto. Además, hay quienes sostienen que el presidente Donald Trump aceleró el proceso para sacar provecho político en tiempo de elecciones, ya que un bloque amplio de votantes cristianos en su país apoya fervientemente al Estado de Israel y reza por su seguridad.
Ahora hablemos de física cuántica y del año nuevo judío. El año nuevo judío se cuenta tradicionalmente desde la creación del mundo. Lo primero que hizo el Todopoderoso al crear el mundo fue crear la luz. Entonces, para el judaísmo, la oscuridad existió antes que la luz. Sin embargo, luego de creada la luz, la oscuridad pasó a ser una consecuencia de la ausencia de luz. Igual sostiene la física cuántica: la oscuridad es la ausencia de luz. Ahora bien, ¿qué tiene que ver eso con la paz en el Medio Oriente? En términos de física cuántica y por analogía: la paz es la ausencia de guerra, o bien, la guerra es ausencia de paz.
La distancia entre Israel y Emiratos o Bahréin hace difícil que entre ellos haya guerra entre estos en el sentido tradicional que busca aumentar el territorio o el acceso a recursos naturales. De hecho, no recuerdo que esos países hayan enviado tropas a luchar en contra de Israel. Israel tampoco hizo lo suyo. La pregunta obvia es: si no estaban en guerra, ¿por qué firmaron tratados de paz? Pienso que más que la realidad estratégica, está el mensaje universal: “paz sobre la tierra”. Si las naciones no están en guerra y viven en paz, la vida de todos será mejor. Igual que el 31 de diciembre de cada año nos deseamos paz y prosperidad, que este año nuevo judío resuenen las palabras del profeta Isaías en el Medio Oriente y en el mundo entero: “No alzarán espada nación contra nación, ni se instruirán para la guerra”, al igual que las palabras del salmista: “Sea la paz dentro de tus muros, y el descanso dentro de tus palacios. Por amor de mis hermanos y mis compañeros. Diré yo: la paz sea contigo”.
El autor es abogado y docente universitario